busca entre mis delirios

jueves, junio 01, 2006

Muros

Estamos rodeados. Si miras, los verás, por todas partes. Desde Tijuana, a Oriente Medio. Cayó Berlín y se olló un estruendo en Europa, en Occidente, entre las mentes y las almas de los revolucionarios del siglo pasado. Algunos guardan fotos, el recuerdo de lo que significó echarlo abajo. Ya forma parte de la historia. Entra en temarios. Pero aún siguen en pie otros "muros de la vergüenza", que más que eso dan pena, o miedo, o intranquilidad. Cisjordania. El Sahara Occidental. Ceuta y Melilla. Quebec. ¿Cuántos más?
Todo lleno. Cientos de metros, toneladas de hormigón armado, de rejilla electrificada, punzante y dañante. Todos protegen. O defienden. U ofenden.

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Nosotros mismos tambien lo hacemos con nuestras propias vidas: muros de aire que creemos invencibles, que nos garantizan invulnerabilidad de por vida mientras siga en pie y nos aseguran que nadie entrará en nuestro espacio vital a dañarnos, a volver a abrir aquella(s) herida(s) que tanto dolió(eron). Y nos lo creemos del todo, porque para eso pusimos nosotros la primera piedra. Somos fundadores de nuestra propia muralla. Lo fuerte es cuando una se gira y se da cuenta de que ha llegado un punto en que no sabe si está dentro o fuera.
El interior y el exterior no existen en una valla longitudinal. Ni vertical. Puede extenderse millas y kilómetros más allá, romper Asia en dos, o llegar a la estratosfera. Da igual, no dejará de ser una línea gruesa en un mapa áereo.

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¿Quién está dentro? ¿El Polisario o Marruecos? ¿Israel o Palestina? ¿Yo o el peligro? ¿He logrado aislar al ataque externo encerrándolo? ¿O me he encerrado a mí misma?
Barreras y muros. Vallas y burbujas personales. Todo acaba igual. O derribado o abierto. Nadie aguanta la incertidumbre y la desorientación de no saber en qué punto se enuentra.

Paradójico, hace unos días hablaba en este mismo blog de caminos, de adonde te llevan, de cómo y con quienes son capaces de sorprender, de la experiencia de andarlos y desandarlos, de vivir caminando. Pues bien, el muro mata al camino. El muro es el veneno de las ilusiones. El talibán de la esperanza. La antítesis de eso tan bonito que es caminar por la vida. Y total, ¿para qué? Un muro es un trozo de piedra, pero grande. Te hace dar un rodeo enorme, perder mucho tiempo de un modo innecesario, pero al final, si quieres, acabas llegando a tu meta. Pero te puedes perder. Puedes olvidar a donde ibas. Puedes no llegar a tiempo. Pueden pasar tantas cosas...

Deja que caiga solo. No por la fuerza, por sí mismo, pedacito a pedacito. Toma aliento y confía. Siempre hay una pequeña grieta por donde pasa el aire, por donde brilla la luz, por donde meter el dedito y abrirla hasta que se haga grande y se empiece a desquebrajar. La quarentena es una broma, una trampa de 'los otros', los que se creen más listos que tú, para hacerte creer que fuera hay mucho peligro, pero en el fondo no es para tanto. Sólo hace falta ser fuerte en una misma, no crear artificios externos ni corazas, que eso es de la edad media. Yo, si quieres, te espero fuera, (o dentro) para darte la bienvenida. Y si no convence, piensa que siempre habrá alguien que, por mucha muralla, sabrá ver lo que hay detrás (o delante) de ella.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, se podrían decir tantísimas cosas de muros y murallas... Al final todas son producto de la misma cosa, el miedo. Y el miedo casi siempre termina por hacer más grandes los problemas que lo causan, no deja de tratarse de asuntos que tenemos pendientes con nosotros mismos... Al sentirnos en peligro hacemos como una tortuguita o como un caracol, creamos esa coraza que nos hace sentir seguros y nos refugiamos en su interior. Pero creo que es más sano curtirse al aire e ir aprendiendo sin tantas murallas.

En fin... que se puede decir taaaanto acerca de todo esto... Como final sólo digo que me encanta derribar muros y muchas veces me sale :D, ¡seguiré perfeccionando la técnica!

Y sí, a veces pasa un poquito de aire, un poquito de luz, y el muro va desapareciendo y todo se ilumina

Anónimo dijo...

Los muros solo tienen un aspecto positivo: nos dan un motivo para luchar unidos en su destruccion.
Los muros, de cualquier indole, nos separan, nos hacen menos empaticos, nos distancian... el ser humano nace de una madre, el nacimiento implica la separacion de un todo (madre+hijo)... hay que trabajar a diario para poder volver a formar parte de un todo... pues es en ese estado en el que se consigue la maxima felicidad. La eutarquia emocional solo conduce a la insatisfaccion. Repartamos y hagamos participes de nuestras emociones y de nuestras vivencias a todos aquellos que se interesen por ellas (de hecho por eso existen los blogs... basta con ser coherente y elevar el blog a la vida cotidiana)

Anónimo dijo...

Cierto, ni la autarquía emocional ni la política son viables, se puede conseguir mantener el equilibrio por un tiempo pero siempre se termina rompiendo por lo mismo, porque hace falta ese intercambio enriquecedor con el exterior. Ya se trate de cultura a a la hora de avanzar como sociedad o de madurez y de sentirse queridos cuando se trata de eso, de intercambiar emociones con el exterior.

Pero bueno, que me enrollo mucho xD

¡no a los muros!