busca entre mis delirios

martes, diciembre 29, 2009

descansa en paz

Ya he hecho un poco las paces contigo. Un poco solo. Ya no estoy tan enfadada. Ni pienso reñirte más, porque aunque sabes que te lo mereces enteramente, también tenemos claro que no merece la pena. Nunca la mereció, por lo visto...

Yo ya te he llorado, ya me he lamentado y me he flagelado un par de instantes. Sólo me queda adelgazar un poco la conciencia, aunque todos sabemos que estas fechas no son buenas para perder peso. Ya he comprendido que definitivamente, y ahora sí que sí, para siempre, no voy a poder hacer nada para salvarte. Que todos los intentos anteriores en los que me dejé la piel, las escamas y parte de mi estructura ósea porque no lo hicieras, no ha servido de nada, porque en el fondo, no había nada que ni yo, ni nadie, pudiera hacer por tí. Y mira que lo siento, joder...

Es paradójico el momento que has elegido: Hace un año justo, nos veíamos por primera vez y me dabas el primer regalo de las navidades. Ahora, cerrando el ciclo anual, te marchas sin decir adios y de un modo definitivo.
Y lo haces dejando un hueco muy grande. Tú no lo entendiste, no te llegó en ningún momento, pero muchos te queríamos, te apreciábamos y nos preocupábamos por tí. Por eso, incrédulos ante lo evidente, no sabemos que decir, nosotros que te creíamos inmortal.
¿Sabes lo más gracioso de todo? La noche en que decidiste irte, ha sido la única noche en varios meses, que no pude dormir bien...

Y ahora ya no sé qué más decir. Sólo me sale temblar un poquito. Y desearte lo mejor, toda la paz, allá donde estés.



..."Me da miedo la inmensidad, donde nadie oye mi voz"...

viernes, diciembre 18, 2009

de ilusión

tengo varios motivos por los que no me gustan la navidad. uno de ellos es que es la única fecha del año en la que la ilusión tiene un precio. se busca, se persigue, se vende y se compra a 20 euros. un precio prefijado, y da igual de qué tipo sea la que tú quieres. los estándares oficiales lo reinan todo y lo reducen a un simple símbolo con poca fuerza semiótica. la gente hace esfuerzos sobrehumanos por hacerse con ella. viajan, hacen largas colas a menostresgradoscentígrados y si hace falta llegar a las manos, pues se llega, porque hay demasiado en juego como para ceñirse al humanismo civilizado.

quizá algún día alguien entienda que la ilusión no tiene precio. que además, no hace falta recorrer 800 kilómetros para dar con una fuente "probablemente segura". que uno la tiene dentro y que son de mil formas y colores diferentes. que lo iluminan todo, brillan y a veces son intermitentes, que en ocasiones hasta cantan canciones y otras simplemente, son establemente preciosas. como las luces navideñas...

lunes, diciembre 14, 2009

random

Hace ocho años que no practico deportes de montaña, me encantan los baños de espuma aunque hace muchísimo que no tengo bañera en casa, tengo castigada a mi cámara de fotos hasta que aprenda a comportarse, el color rojo me hace sonreir, aunque me curo las penas con el naranja, no me gustan los pijamas, me he hecho adicta a anni b sweet, me encanta el chocolate alemán, no soy nada materialista por eso nunca sé qué pedirme para reyes, ya es navidad, tengo que hacer el balance de todos los años, me va a tocar la lotería, sigo sin saber cuál es mi ciudad favorita, llueve nieve, ¿tesis sí, tesis no?, se admiten cafés a media mañana, necesito con urgencia una sesión de manta y peli con vos, quiero llevarte a Italia para que me escuches hablar con su acento, el año que viene me voy a cuidar más, me roban todos los mecheros a traición, leo a la Beauvoir a escondidas, hay un bonsai nuevo en casa y no quiero acercarme mucho a él por si lo mato, siempre se me murieron los peces, quiero una gatita chiquitita chupándome la camiseta ya, siempre me han dicho que tengo una sonrisa que me alegra y es el mejor piropo que me han dedicado, he recibido mi primera felicitación navideña totalmente impersonal, no quiero ir a la cena de empresa, mi madre ha dejado de fumar, tengo que volver a afinar mi guitarra, voy a volver al Reiki, odio cuando llega el viernes, me estoy haciendo mayor: he tenido que recuperar mis gafas para leer, no consigo sintonizar la tele, me encanta montar muebles de ikea, adoro los incendios de incienso, me despiertan tus sonrisas, me duermo imaginando viajes, sigo delirando, a media voz y sin pensar, de modo casi automático y como si lo llevara de nacimiento, odio los nudos en los cables, hace frío, hoy me quedo en casa...

miércoles, diciembre 09, 2009

lisbon story

las ciudades te ven llegar. ellas ya están ahí pero tú llegas cargada de maletas y expectativas. te pasean y te pierden. no te encuentras. das vueltas y vueltas y acabas en el mismo sitio. siempre sucede la primera vez. acaban contigo de cansancio y se ríen de tí, divertidas y sin piedad, por la ineptitud de tu brújula interna. pero a veces te encantan. otras te enamoran. y eso sólo en los mejores casos. entonces, cuando estás en lo mejor, te ven partir y se despiden de tí entre silencios. y luego la echas de menos. claro. a pesar de las agujetas acumuladas y de todo lo regular del camino. queda lo bueno, siempre, sólo lo bueno.
y lo mejor de todo, es que te esperan, también en silencio y con el reenamoramiento latente en el filo de sus bordillos, a que vuelvas cuando lo desees. y el reencuentro será apoteósico. con certeza.

sábado, diciembre 05, 2009

be sweet

apareció Anni en aquel escenario y de pronto, giré la cabeza y tú estabas allí, a mi lado, cantando, sin saberte bien las letras, cada una de las canciones que regaló.
y fue todo nuevo.
y genial...

jueves, diciembre 03, 2009

camino


Tiza y Meritxell Naranjo · Caminito

¿Llovía hace un año?
¿Había amenazas de nieve en Barcelona?
¿Sonreía yo?
¿Qué me hacía temblar?
¿Qué abrigo llevaba?
Fuera el que fuese, aquel invierno pasé mucho más frío que éste...

miércoles, noviembre 25, 2009

p.m.

Que sí, qué bien... que hoy me toca llorar...
Lo sé y mi cuerpo lo siente, pero yo reniego de sus impulsos de autodestrucción y me disfrazo de disimulo cuando me grita su voz interna que haga charcos en el suelo sin pudor. He pasado por Moncloa esta mañana sin querer, y sin querer también he salido por aquella salida concreta del metro de donde, a estas horas el año pasado, estaba corriendo en dirección inversa. Ya que estaba ahí he hecho ese mismo camino, que por aquel entonces corrí asfixiada, llorando y gritando en silencio, blasfemando a la suerte de una mala -o perfecta- sincronía de espacios y tiempos. Suelo hacerlo a menudo: Volver a la escena de la tragedia. Hoy lo necesitaba, para llorarte desde la ausencia y también desde la soledad.
Por cierto, llevo todo el año queriendo agradecerte algo: que te fueras sin despedirte de mí. Que no me dejaras que me despidiera. Sabes cuánto odio éstas formalidades. Y sabes que no habría podido contigo. Hasta en eso tuviste delicadeza.

Qué frío hace todos los 25 de noviembres... El año pasado quemaba el aire y casi no dejaba respirar. Hoy simplemente araña la piel y quema un poco por dentro. No encuentro abrigo ni consuelo para estas temperaturas y sólo pienso en el modo de calmar esta añoranza.
No quiero pensarte, ni recordarte. No en Moncloa, ni con este frío. Quiero volver al calor de los abrazos de Navidad, o los veranos en Toledo, a las comidas familiares en casa de los abuelos o a los museos por los que corríamos con prisas. No quiero más atrezzo blanco nuclear, ni vestuario de pijamas a rayas, ni comida precaria a base de sandwiches del rodilla, ni conversaciones de pasillo de hospital, ni salita de estar abarrotada de lágrimas y pedazos de familia rota.

Quiero palabras lindas que me hagan reir, que me evadan y me lleven lejos. Que me hagan olvidar lo que no quiero recordar y que consigan que este día pase rápido. Quiero cosquillas en la punta de la nostalgia, y escalofríos que me hagan entrar en calor, apoyo que me sujete un poco las pestañas y a diciembre para se lleve este mes de en medio.

Voy a volver a Granada de viaje contigo. Me dijiste al oído a propósito de una de nuestras últimas conversaciones que aquel era un lugar especial para tí. Te vamos a hacer volar por los tejados del Albaycín, desde los vértigos del Mirador de San Nicolás, y por cada esquina del Paseo de los Tristes. Así sabré donde tengo que ir para respirarte de nuevo...

sábado, noviembre 21, 2009

sintomatología

que en la guía de prevención y cuidados para esta gripe que me han dado los señores de bata blanca falta un síntoma importante que me tiene realmente abatida. el peor de todos ellos. mucho peor que el dolor de piel, músculos y huesos. peor que la fiebre que sube y baja. pero que la tos...
las lágrimas. nadie me había dicho que esta nueva gripe te hacía desecarte por las cuencas de los ojos. sin descanso ni tregua. a chorros. y eso que dicen que a partir de los 25 años comienza a decrecer la producción lagrimal que lubrica el globo ocular...
no he podido parar en estos dos días. esa sensación horrible que no me deja tragar, ni pronunciar palabra. que me cierra los conductos y me reduce a la mínima potencia. y no sé por qué lo hago. no sé si lloro por lo bien que estoy o es por lo mejor que podría estar. si es por lo que echo de menos o si es por todo lo que me llevo conmigo. si es nostalgia por lo vivido o son las ganas de un futuro previsto. si es la memoria fotográfica de los últimos tiempos o si son los recuerdos futuros por vivir más felices de mis álbunes. si es por miedo. o es por miedo. o es por miedo. o quizá sea inseguridad, esa que se suponía que no tenía. no, eso no, tiene que ser por miedo. sí, debe ser eso. la gripe del miedo. mi miedo....


[lo que tiene escuchar a Russian Red en una tarde invernal de sábado sola, y ver 'Up' finalmente en un ripeo de mierda sin tí a mi lado debajo de esta manta roja...]




delirante estoy....

viernes, noviembre 20, 2009

de virus

ponte la mascarilla. espera en este área reservada hasta que te llamen. ponte estos guantes. no toques nada. siéntate. cuéntame qué te pasa. mete el dedo aquí. descúbrete el brazo derecho. túmbate en la camilla. quítate la camiseta. respira. no respires. más fuerte. por la boca. ¿te duele aquí? ¿y aquí?. siéntate sin bajar las piernas. ponte el termómetro. cuando pite, avísame. abre la boca. di 'ah!'. más fuerte. más. otra vez. deja colgando las piernas. puedes vestirte. léete esta hoja. sigue las indicaciones. no salgas de casa en unos cuantos días. reposo relativo. tómate esto. y esto también. ven a por el alta cuando estés bien. lleva la mascarilla siempre que puedas. a ver si sobrevives a este aislacionismo sin los mimos que te dan la vida...

jueves, noviembre 19, 2009

sin celebración

Hace casi un año desde que Noviembre no es un buen mes para mí. Recuerdos que hacen memoria ahora que se va a cumplir el aniversario, engañándose a sí mismos cuando piensan que sólo respira la añoranza en estos momentos concretos. Ilusos los recuerdos, si han estado coleando todos estos tresciento y pico días...

Hay que tener cuidado con estas cosas. Un día te encuentras una foto, o abres un email familiar, o suena una canción, o pasas por una calle, o cierras los ojos y te asaltan por la espalda a traición y tú, lo mejor que puedes hacer es sonreirlos con complicidad y dejar que se vayan por donde vinieron. No. No llores más.

A ver quién me crea una aplicación para borrar ciertas, concretas y últimas imágenes del álbum que guarda las instantáneas de toda su vida. Cómo editar los contenidos y dejar sólo aquellos en los que sus ojos brillaban casi más que su sonrisa. Eliminar el sonido ambiente de los últimos días, el frío gélido de la temperatura corporal, cambiar los niveles en el color, mejorar el timing...
A ver quién consigue hacerme olvidar lo desprotegida que me sentí por aquel entonces de quien más esperaba el abrazo que me vistiera. Y lo confortante de aquellos mensajes en el tanatorio de una perfecta desconocida que me arroparon y me hicieron sentir un poco en calma. O la compañía de aquel que no se separó de mi durante el largo velatorio. O las llamadas de emergencia de mis amigos que no están cerca.

Un año no es nada. O lo es todo.
Voy a cerrar los ojos media hora.
Vuelvo en seguida...

lunes, noviembre 02, 2009

efecte trivial

se oyen las teclas de un piano tocado casi sin mirar, casi sin saber, casi sin querer, suaves, tranquilas, pausadas, rítmicas y perfectamente acompasadas. un, dos, tres, cuatro, cinco, seis... imagina que se suma un bajo y un acordeón y más tarde, un coro que susurra un ritmo ininteligible. palmas, plas-plas-plas, y vuelven a quedarse solas las teclas... casi como en un sueño...

el ave vuela a trescientos kilómetros por hora, muy lejos ya de donde vengo, pero nunca es demasiado rápido, siempre podía darse más prisa, siempre podría llegar antes, y sin embargo, esta vez, por no poner pega ninguna, llega justo a tiempo. a la hora de la comida, sin retraso al encuentro ansiado. estar de vuelta es como sentirse en casa sin siquiera pasar por ella. y todo por el abrazo, el del encuentro. porque es la constante que determina toda la ecuación. puedes tener una agujetas terribles, puedes estar pasando un calor impresionante dentro de tu gabardina roja, puede que no durmieras bien la noche anterior, puede que te tocara un taxista algo así como gilipollas, puede que tengas hambre, y cansancio acumulado, y ganas, y todo al mismo tiempo, pero cuando la ves cruzar esa calle y acercarse despacito a tí, con ese movimiento tan suyo al andar, y con esa mirada que lo dice todo -y un poquito más- y el espacio entre los dos cuerpos se reduce a nada en un abrazo espontáneo, no puedes más que cerrar los ojos y dejarte sentirte bien. casi como en un sueño...

estar bien es lo mejor.
no hay duda, ni nadie que me lo cuestione.
si estás bien te atreves a subir a un escenario delante de cerca de 300 personas a cantar un verso improvisado con etiqueta personalizada y perder la vergüenza entre el público que coreaba, te cargas de energías extras que sacas de nadie sabe donde -pero todo legal- para estar dispuesta y preparada por si tus manos son requeridas en la obra, sonríes por el metro a los que amenizan en los pasillos a los viajeros con su música, no pica en los ojos el despertador de cada mañana, no hay sueño, no hay cansancio; sólo hay ganas de más, cantas en voz bajita al oído esa canción que no hace más que pedirte porque dice que le calma, y tú que no has cantado jamás en la vida para nadie, te decides a hacerlo, sólo para que te compense con su sonrisa... casi como en un sueño...

me he traido de Barcelona un queso, por nombrar sólo una cosa trivial. no tengo prisa por sacarlo de la maleta porque sé que no necesita refrigeración, que aguanta, que no se pone malo, ni caduca.
van tres.
una torta del casar, un queso de holanda, uno de cabra de Montserrat.
tres son los quesos que componen mi colección. y dos de ellos me los guardas tú.
quizá, del sur, me traiga un cuarto... quién sabe dónde lo meteremos...

jueves, octubre 22, 2009

multiusos

- Si te fueras a una isla desierta, ¿qué sería, de ser una sola cosa, lo que te llevaras contigo?
- Sin duda, a tí. Porque serías la luz al caer el sol, el abrigo en las noches frías, mi cordura para no perder la cabeza, el sentido del humor para arrancarme sonrisas, mi alimento de cada día, el líquido que calmaría mi sed, la gramola para que no faltara la música, el sexo que me haría sentir más viva cada vez, la conversación permanente para que no me aburriera nunca, el fuego con el que encender la hoguera, el kit de supervivencia para cuando cundiera el pánico, el botiquín para cuando me sintiera mal, el libro de texto para no dejar de aprender, la brújula que me ayudaría a orientarme, el jugo que me emborracharía cuándo más lo necesitara, el bote que me mantendría a flote, mi quitamiedos cuando viniera una tormenta, el cariño en el que recrear mi amor, la droga que me haría olvidarme de todo, la barandilla cuando sintiera un vértigo mortal, la maña con la que conseguir lo que la fuerza no puede, el detalle inesperado con que me sorprenderías cada vez, la almohada en la que dormir mi abrazo cada madrugada, el beso en el que despertarme al amanecer, la compañía que haría que no quisiera ser nunca rescatada, mi estrella polar para saber siempre dónde está el norte, para no perderte nunca...

domingo, octubre 18, 2009

lo que vivo con b

Barcelona, beso, besito, besazo, bostezo, bla, bendito, Baudelaire, belleza, bochorno, brecha, bastón, barandilla, blues, bombones, bajoncino, búho (real), barra, breve, braguita, bises, baile (de pasos), billete, banco, bikini, bulevard, barrer, bufido, bien, brillo, barroquismo, bayeta, ¡bravo!, bonobús, boca (de metro), bebé(s), bienintencionada, bocado, beber(te), bajamar, Biarritz, broma, banda, bonita, banquete, borbotón, barbacoa, barniz, balance, bondad, batir (nata), bocadillo, buscar(te), baño (de espuma), Bizkaia, bajo, barco, Brujas, beséis, borrachera, boca, Blas, brocha, bemol, Bilbao, bandida, baba, bacalao, bosquejo, Barbieri, butaca...

Porque para mi, de todas las letras, la B siempre fue la primera.

sábado, octubre 17, 2009

de verdades

Miento cuando digo que ya me voy a la cama, que esta noche me acostaré pronto y que soñaré con los angelitos. En verdad estaré hasta que se canse la luz escuchando música y leyendo sin entender nada de la prensa, y cuando se aburran mis ojos, aparecerás tú, siempre tú, eterna amante de Morfeo. Miento cuando digo que me acabé el plato del almuerzo, que sólo he perdido un par de kilos, cuando en realidad me saco los pantalones sin desabrochar y los espaguettis se morían de risa entre el tenedor enredados. Miento cuando sonrío de lado y respondo breve y fugazmente con un "bien" a la tan típica pregunta de esta última semana. Miento cuando doy la razón a los que dicen que tengo que aprender a estar sola, cuando lo único que quiero es estar contigo. Miento cuando asiento y callo ante los "tienes que pensar en tí", porque si pienso en mí, pienso en tus manos, tu cuerpo, tu voz, tu risa, tu casa, tu amor; todo lo que me completaba y ahora me deja a medias de todo. Miento cuando finjo que no estoy haciendo nada, y sin embargo estoy esforzándome en aprender nuevos idiomas, en crear maneras nuevas de hacerte sonreir, en inventar una tecnología para recuperarte. Miento cuando reconozco mi mejoría, asegurando que voy escalando poco a poco y que cada vez estoy más arriba. En realidad cada día te echo más de menos, no veo el techo desde aqui y sólo me apetece que te tumbes un ratito conmigo en la moqueta, a ver las estrellas desde abajo. Miento cuando me preguntan en qué estoy pensando en mi ausencia silenciosa y digo que en el lío que tengo en el trabajo. En verdad me pillaron pensando en tus besos, en tu abrazo, en las noches a tu lado, en las ganas insatisfechas, en el hambre de tu cariño, en volver, en que vuelvas. Miento cuando justifico mi temblor por el frío que hace en la calle, mientras que la verdad es que todo se tambalea desde el día que te fuiste de mi lado, que tirita mi corazón porque se le ha ido su mitad más vital. No puedo con la conjugación del verbo "superar", el único que no soy capaz de asignar a esta primera persona del singular, y aunque hago entender que estoy en ello, espero que nadie se lo crea nunca.

Pero no miento cuando digo que lo estoy intentando, que no me hundo, que trepo, que avanzo, que quiero avanzar. Sólo que quiero hacerlo hacia tí, esa es la verdad. Esa y que de verdad te quiero de verdad.

jueves, octubre 15, 2009

causa y efecto

Hoy voy a hacer un viaje a un lugar muy lejano de cuyo nombre me acuerdo bien. Me montaré en ese tren para el que tengo billete en clase preferente. Me darán Ratatouille para desayunar y yo sólo podré saborearte. Dormiré sobre mi abrigo, en la ventana apoyada y soñaré con algo bonito, futuro, condicional e ideal. Llegaré a la estación que tan lejos pero tan cerca está y alquilaré un coche con mi tarjeta de débito. Será un C3 azul cielo o no será en absoluto. El buen hombre de la agencia me tratará con casi cariño y me regalará un mapa de carreteras que guardaré como souvenir. Y alquilaré el coche porque sé bien que en aquella ciudad no hay taxis, ni mejor forma de ir a donde quiero volver. Daré vueltas y vueltas para poder entrar en el centro y si hace falta, me meteré por calles peatonales de circulación prohibida a vehículos. Sonará ese disco una y otra vez hasta que me sepa cada melodía, cada letra y cada punteo. Sé que no encontraré la entrada al parking del bulevard porque está escondida para que nadie la halle y se pierda por las calles de la ciudad sólo para disfrutarla mientras agoniza y pierde la paciencia al volante. Ni un sólo sitio libre. Esta también es prohibida. Escucharé el mismo idioma que aquí, a pesar de lo contrario que se supondría. Reservaré mesa en ese restaurante que ya me conoce y sé que si le guiño un ojo a mi camarero amigo, me guardará esa precisa mesa desde la que se ve el mar con toda su claridad. ¿Vino blanco o vino tinto?. Vino blanco, que con los chipirones en su tinta, entra mejor. Eso sí, pediré que no suene Bebe de fondo. Pasearé en busca de otro Blas que reemplace al perdido en un disgusto. Y cruzaré la plaza de Gentelua, que se llama así porque siempre hay mucha gente, aunque aseguro desde ya en una apuesta conmigo misma, que no encontraré wifi pública en ella. Igual me atropella un perro que vaya a toda leche. Porque en esa ciudad la gente corre muchísimo. Tendré que tener cuidado con el carril bici, porque atraviesa toda la ciudad sin piedad. Me quedaré a dormir en la habitación de un hostal decorada por Gaugin, aunque nunca fue mi posimpresionista favorito, pero el rojo le sienta tan bien... Caminaré por los bordes que moja el mar de esta ciudad tantos kilómetros como sean precisos y me despeinaré los rizos al son de las olas y el viento confabulados. Volveré a ponerme en pie en ese poyete, sólo para confirmar que he perdido el miedo a las alturas para siempre. Me quedaré en reserva y tendré que aparcar, porque no encontraré gasolinera en todos los alrededores. Pronto me daré cuenta de que he perdido el cable del cargador de la cámara de fotos, y no me quedará más remedio que ingeniar alguna solución, pues me niego a no disparar más, que quiero guardármelo todo como si fuera lo último que me quede. Bajaré a la arena de la playa con los zapatos puestos y me sentiré un poco niña por una vez. Luego cenaré con vino semiespumoso de la tierra, que parece sidra pero no lo es, y me sentará gracioso, haciéndome reir sin parar y disfrutando a la mañana siguiente de unas alegres agujetas en la mandíbula. Te compraré una camiseta y la dependienta habrá aprendido algo nuevo al explicarle yo que el dibujo de la misma es un clavijero. Desayunaré colacao templado y un croissant recién hecho por mucho que tenga que madrugar para ello. Caerá un chorizo frito a la hora del aperitivo sólo para saciar un antojo. Me sentaré ante el tiovivo para verlo girar una y otra vez, con los pocos niños dentro. Y quizá entre en la iglesia del Barroquismo, porque alguien me tiene que explicar qué hace una imagen de la ascensión en la portada. Echaré monedas a quien toque por la calle algo bonito que me acaricie el alma y me sentaré un rato de noche a ver el faro girar frente al mar. Y en cada etapa de 12 segundos de oscuridad cerraré los ojos para verte, ahí, conmigo, sonriéndome. Y quizá cojas mi mano y me acaricies con tus pestañas y me roces con tu voz en un susurro que nadie más que yo oiga y te acerques despacito en un abrazo que se nos va de las manos. Y yo rezaré para que esos 12 segundos duren para siempre...



Jorge Drexler · Causa y efecto

intentando promesas

Que ya, que tengo que estar bien. Me fuerzo cada día para esbozar una sonrisa, por tragar un poco de lo que se enfría en el plato y por tratar de echarte de menos un poco menos de lo habitual.
Voy bien, progreso, lo prometo. No voy a hundirme porque quiero que siga mi mano aquí arriba dispuesta por si en algún momento pierdes el equilibrio y quieres volver a agarrarte a ella. Voy a limpiar todos los restos del huracán para que sientas que podrías estar cómoda aquí conmigo. No voy a remover más nada, aunque te pediré perdón en bajito cada día al amanecer por cada error tontamente cometido. No seré insistente, aunque esta lucha no la abandonaré. Sin empalagar te contaré todo lo que te quiero y meteré con precaución los quesos en la nevera, que no quiero que se echen a perder. Compraré una botella de Protos para invitarte a cenar dentro de un tiempo. Cuidaré de mi gente, que me arropa porque me quiere. Intentaré cada tarde el Fa al menos 20 veces. No dejaré de escuchar aquellas canciones de viaje. Meteré en un marco la foto tuya que tanto me gusta. Volveré a fumar en cachimba, que aún me queda tabaco de cereza. Estaré por y para tí, en la sombra de esta esquina, cada día y cada noche de cada mes futuro. Cuidaré la flor que me hiciste con el papel de la cajetilla de tabaco. Te ayudaré en todo (y un poquito más) de lo que necesites. Dejaré que me abrace mi madre, aunque sea inevitable el derrumbe. No borraré la firma con tiza en mi pizarra que me recuerda que estás aquí y que jamás te irás. No me plancharé más el pelo, porque me encanta que me lo revuelvas. "My girl" será, desde ayer, una de mis canciones favoritas. Y miraré cada día en el espejo ese lunar por el que estamos unidas.



Fito· Por la boca vive el pez

martes, octubre 13, 2009

transgrediendo la cuarta pared

Aquí metida, forzada a salir por horas, arrastrando mis pasos involuntarios, queriendo quedarme toda una vida encerrada si no es a tu lado donde tengo que ir. Aquí, entre las cuatro paredes de este cuarto que ahora es mucho más pequeño. Sí, las casas sienten. Y no, no quiero ventanas en mi habitación. Mirando sin mirar nada. Elucubrando diferentes maneras de pedir perdón. Inventando idiomas en los que contarte lo mucho que te quiero. ¿Cómo se dice "única" en esperanto? Dándole barniz a los sueños que lijamos y preparamos juntas. Las horas transcurren lentas, y desde el viernes parece que han pasado ya dos meses. Estiro la mano algo más de veinte veces al día por si alguna pudiera rozarte, pero no lo consigo. Juraria que mi gata acaba de maullar tu nombre. Rodeada de imágenes en las que me sonries que me niego a despegar de la pared. Escuchando una y otra vez esas mismas y eternas canciones que no puedo escuchar sin sentir nada. Tragándome los reflujos de mis propios errores. Reafirmándome en mi verdad de que jamás quise a nadie como a tí. El pelo se me cae formando madejas en el desagüe de la ducha. Leo a ratitos un libro de radiología médica. Tengo una bolsa de lunares con un poco de arena de playa dentro con la que me mojo los dedos. Contemplando los recuerdos, a modo de video homenaje que yo misma he editado para mi agonía. Condenándome por no encontrar remedio ni cura. Sabiéndote, sintiéndote así como estás, y yo, impotente y desarmada, sin poder hacer nada. Perdida por perderte. Vacía y vaciada. Deshojada, como la margarita que me dijo sí. Me alimento sin hambre ni comida. Me trago la sal de mis lágrimas, y ellas me hidratan para seguir respirando. Te pienso sin remedio. La guitarra ya no suena por mucho que apriete. Pierdo kilos y cada vez me pesa más tirar de mí. Gasto klinex por cajas. No sé dormir, he olvidado cómo hacerlo, sin tí a mí abrazada. La almohada está dura. Todo me resulta incómodo. Ni el paracetamol alivia este perenne dolor de cabeza. Me consumo con cada cigarro que se amontona en la mesa. Caen por cajetillas y tu mechero se queja por lo quemado que lo tengo. Me persigue tu olor allá a donde voy, desde la ducha con tu gel hasta mi ropa con tu esencia. Y he descubierto que el dolor es el olor con una 'd' delante. Todo tiene sentido. Me bebo yo sola la última botella de Coto que quedaba de la cesta de navidad. Aún no he limpiado las manchas de aguaplast de mi bolso. Todavía no he abierto la mochila. Y no me atrevo a escribir nada aquí, porque sigue sin haber mejor lugar que las nubes de tu pelo.



Deneuve · Playa Romano

lunes, septiembre 21, 2009

la niebla de tus ojos

No hay nada más corrosivo que la fuga de tus lágrimas sobre mi hombro en un abrazo sin consuelo que nada lo puede.
No hay nada más absurdo que cinco palabras mal dispuestas que nada tienen que decir.
No hay nada más eterno que diez minutos imprevistos.
No hay nada más doloroso que la impotencia de un silencio que no promete efectividad, ni nada que alivie la pena.
No hay nada más estridente que el ruido de la tristeza resecando tu garganta.
No hay nada más estremecedor que el temblor de tu cuerpo dejándose doler.
No hay nada más amargo que la esperanza de que sea aquel tu último llanto.

No hay nada más hiriente que remover la ropa de invierno y encontrar, como pelos de gato a ella pegada, los recuerdos de la mitad de una vida de dos.

Tan sólo dime si este granito de azúcar que tengo para tí sirve, al menos, para que el hipo desaparezca y caigan a bocajarro en un duelo a traición las sonrisas que levantan al vencido pronunciándolo vencedor...

viernes, septiembre 18, 2009

a uno sólo

Voy ganando al Trivial. Quizá se trate de la partida más larga de toda mi historia, aunque todos crean que acabo de acoplarme al tablero y que mi buena racha se debe, en todo caso, a esa extrema inteligencia mía por mover las fichas hacia el lado adecuado y responder a las preguntas, una tras otra, desde el recurso a mi memoria táctica. Pero quien me conoce bien sabe que lo mío nunca fue la estrategia. Mucho menos la memorística. No fui capaz de retener siquiera la progresión cronológica de los presidentes de los Estados Unidos, ni la tabla periódica de los elementos químicos, y si me apuras, puede que falle en la lista de las preposiciones del castellano. Si me mandas a la compra, quizá venga con algo de más, y si me pides que te escriba contándote novedades, sabes que es probable tengas que esperar unos días a que me acuerde. Que tengo agenda para no olvidarme de ningún cumpleaños, y que es ella la salvadora que me saca de los apuros. Es posible que tenga un regalo envuelto en mi casa y lleve meses olvidándome de ir a correos a hacértelo llegar. O que si me preguntas el título de aquella película que tanto me gusta, tarde unas horas en llegar a él. O ese libro de aquel autor que no logro etiquetar, pero que en cambio retengo al dedillo frases enteras de su prosa. Así que no se trata de una estrategia de triunfo, ni siquiera de la plusvalía de mi cultura general.
Voy con cinco quesitos. Sólo me queda uno para entrar en la autopista del éxito más rotundo, subir los escalones del tramo final y sonreir un poco de satisfacción. Sin malos rollos, que juego entre amigos, entre buenos corazones. No hay rivales sobre la mesa ni nadie que no quiera en el fondo, que gane por una vez en mi vida a un juego de mesa. Además, ganando yo, ganamos todo. Que la cena corre por mi cuenta, que esta vez me lo van a permitir sin rechistar. Asi que, cuando gane, guiñaré un ojo a mis contrincantes y les ayudaré a recoger los restos. Metiendo cada pieza en su caja y guardando las preguntas para otra tarde de otoño adelantado, de frío en la calle, de vino y chocolate, de calcetines mojados y de esperar a que pase el diluvio...

jueves, septiembre 03, 2009

[sin título]

Hoy escribo un post sin título y sin pronombres denominativos, sin adverbios de tiempo o lugar y sin deixis alguna. Vacío la pragmática de cada una de mis palabras en la impotencia de la inutilidad que eso supone. Que la semántica se pronuncie por sí sola, puede con eso, y con mucho más. Ojala hubiera más gente que conociera los recovecos de la semiótica... Que se entendiera a Peirce, más que a Saussure. Que compartiéramos, al fin, el mismo lenguaje. No harían falta traducciones, ni pies de página, ni fe de erratas, ni paréntesis explicativos, ni justificaciones, ni medidas cautelares. Todo sería más fácil. Para mí. Para todos.

Ni el más convencido estructuralista me puede decir a mí ahora qué es lo que sigue.
Iba a decir que me dan pena muchas cosas que no son mías. Y será este el único pronombre posesivo que use hoy, que me sale lo ajeno por el costado en que me roza. Me afligen las largas jornadas de una hija en un hospital, donde al menos tuvieron la delicadeza de no pintar las paredes de blanco, y las noches en la butaca del acompañante de un enfermo al que desearía no conocer. Las madrugadas en las que el cansancio tiene las de ganar, pero aún así, vence el insomnio. Las malas rachas que no acaban nunca y las heridas que no terminan de curarse porque la rehabilitación nunca fuera una buena opción. Me duelen las lágrimas de alguien que espera al compás del segundero digital de la pantalla del ordenador una palabra suya, y que no tuviera el acierto de conectar la webcam para que al menos le llegara adjunta su tristeza. Que el messenger no te avise de que "fulanita está llorándote", o que entre 'disponible' y 'ocupado' hubiera un estado intermedio inequívoco. Que internet sea tan imperfecto como todo esto y que a pesar de ello, haya quien siga confiando en él para las cosas del corazón. Las amistades que lo son cada vez menos cuando a una le dejan sola y sin intención de entendimiento. Cuando faltan los abrazos y sobran los reproches. Que las conversaciones tomen las circunvalaciones, en lugar de atravesar la autovía por dentro de poblado y viajar en línea recta (aunque haya que ir más despacio). Me produce una tristeza sin concretar la gente que no sabe que ha tenido en su mano todo este tiempo la llave de un piso a estrenar y totalmente amueblado, mientras sigue acudiendo día tras día a las manifestaciones por una vivienda digna. O los que esperan la eternidad un saque de banda del equipo contrario, cuando la pelota está aburrida e ignorada en un corner de su campo. Me duele, casi como si me lo hicieran a mí, los dedos en las yagas abiertas, la inmovilidad aparente, el no atreverse a atreverse, las tortillas que acaban desparramadas en el suelo, la injusticia de una excusa de saldo, el dolor gratuito y/o improductivo, las bofetadas que no logran reanimar al inconsciente, la fama malcriada, los gritos que no son escuchados, la empatía que no se ejerce, los ombligos cuando se convierten en protagonistas, los espacios y tiempos no respetados, las heridas a quien se quiere tanto.

domingo, agosto 30, 2009

un día de estos...

Dicen que cuando disfrutas, pasa el tiempo muy deprisa.
Dicen que cuando lo pasas mal, parece que no avanza en absoluto.
Pero ¿qué significa cuando miras sólo un poco para atrás y ves tanto y tanto que rellena sin miedo mañanas, tardes, noches, semanas hasta que logra convencerte de que el tiempo es un engaño y no es posible que aquello fuera hace sólo una página de calendario?

Hay una incomprensión generalizada para aquellos que están más allá de la primera persona. Mis padres, los dueños de la tercera del plural, murmuran quejidos sobre la incontinencia de mis pasos. Se alegran de mi sonrisa bronceada y de mis aires de libertad. Se burlan, sólo un poco, de los paseos a los que he sometido a mi maleta. Y se frustran, pero también mínimamente, si salgo de mi cuarto con lágrimas en los ojos.
"¡Que son dulces!", les digo.
"Entonces, ¡empáchate sin miedo!"

Ellos al menos fingen que lo entienden. Pero hay que lidiar con la incomprensión. La de aquellos que creen que un día dura 24 horas. Y que una semana son 7 días. Y que en un mes caben sólo 31 días. O la de quienes no entienden lo que abarca un abrazo. La de quienes piensan que el verano acaba en agosto. La de quienes no entienden la vida que puede adjuntar un mensaje al móvil. O la de quienes creen que la distancia es cosa de una sola persona. La de quienes no saben traducir convenientemente un "te echo de menos". La de quien piensa que una canción es sólo música y letra.

Yo hago superlativos de toda tú. Te quedaste con "lo más" hace tiempo sólo para tí, y ya sólo lo puedes superar tú misma. Y lo haces, sin dificultad, ante la mirada sorprendida de estos ojos que no dan abasto contigo. A cada paso, cada gesto, cada guiño, cada gracia, cada risa, cada mirada, cada nuevo descubrimiento, cada sorpresa, cada plan, cada foto, cada texto, cada despedida, cada hola, cada encuentro, cada desencuentro, cada secreto, cada revelación, cada palabra que callas, cada pensamiento que escucho, cada puerta que no quiero cerrar, cada persiana que tengo que bajar, cada sartén que friego, cada película que no vemos, cada abrazo que se cuela más dentro, cada pez fuera del agua, cada cigarro que se consume en el cenicero...

Hacer cosquillas al límite de la perfección no es algo común, ni siquiera usual. Un día de estos te explicaré todo. Pero sólo a tí, que sé que me entiendes. Si eres capaz de leer en la peca de mi ojo, ella te dirá, desde su transparente sinceridad, todo lo que aún no eres capaz de creer de mi boca. Y pondré las palabras en mayúsculas. Y subrayaré y marcaré en negrita lo más fundamental, sólo para arrancarte de cuajo y de raíz todos los miedos. Que no hay lobo feroz, ni bruja disfrazada en este cuento. Lo que hay, es lo que ves... y un poco más. No sufrirás por la noche en una pesadilla que te ataque por la espalda. Ni tendrás que volver a hacerte dueña del paquete de klinex. Ni regresarán las inseguridades. Ni te sentirás sola más de media hora seguida.

Un día de estos, sonreirás fuerte, tus ojos gritarán por dentro y tu cara mostrará un pensamiento nuevo, renovado, feliz. Ese día habrás entendido todo. Y yo habré sido capaz de explicarme. Ese día sentirás por tí misma lo que es ser ELLA para mí. Recordarás, sin haberla vivido, la noche en que salvaste mi vida y viviremos, desde entonces, cada luna de papel que se pegue en el cielo. Pero sonriendo. Que sólo así se ilumina la eternidad.

viernes, agosto 21, 2009

Irene (II)

A Irene no le gustan los filetes de hígado. Las prisas y la gente con ellas a cuestas. El aburrimiento compartido. El sabor de la pera. El egoísmo. La gente cobarde. El silencio contenido en un orgasmo. Los libros de Bucay. El acento alemán. Las películas de terror. Los cereales cuando se reblandecen en tu taza de colacao. La falsead, la mentira, la opacidad. La impuntualidad. Los que hablan sin conocer. Los chicles de fresa. Las bajadas de tensión. La oscuridad excesiva. Que no le acepten un regalo. El daño gratuito. Los días cortos. El calor húmedo que se te pega al cuerpo. Dormir sola. El tequila. Madrugar. La ropa interior de color carne. La languidez y la gente sin carácter. Darle más de dos vueltas a una misma cosa. La novela rosa. Ismael Serrano. El conformismo y el conservadurismo. Ver la tele. Estancarse, no crecer. Los que no saben pedir perdón. El cotilleo. El helado de ron con pasas. La deslealtad. La Fanta de naranja. Los que no van de frente. La risa forzada. Las bodas. Las ceremonias religiosas en general. Los delirios de grandeza. Los perros chiquititos. Los rizos. El primer día de regla. Las modas. El cine de Bergman. Los gritos. Las manipulaciones. Los que no quieren escuchar y no saben hablar. Limpiar los baños. Los sustos. Los fuegos artificiales. La velocidad excesiva. Joyce. Los que no debaten, convencen. La comida que se queda fría en la mesa. El orgullo. Olvidarse de lo que iba a decir en este momento...

martes, agosto 18, 2009

la suerte de tenerte

Ni Irene, ni la Jenny, ni siquiera delirante tienen nada que decir aquí y ahora. Hoy, por primera vez, en un arrebato de originalidad irrepetible, habla Laura, ese ser extraño que pocos llegan a conocer y del que sólo se oyen rumores lejanos. Tú en cambio la conoces a la perfección. Te sabes sus delitos y sus faltas, sus miedos, sus neuras, sus debilidades, sus imperfecciones, la bondad de su personalidad, sus ventajas y sus aciertos. Sabes que la miras y lo tienes todo delante. No ha sido fácil aprenderse el modo de atravesarme, pero lo has conseguido de sobra.

Una Laura que renació al tiempo que te conocía, o que te conoció en el justo momento de ver la luz del segundo principio. Tú, ser especial, mi mejor compañero de vida, mi gran hermano hermanado a mi ser, el diapasón que marcó el ritmo de mi sístole y diástole cuando se declararon en huelga de bombeo, el viajero errante que se sentó a mi lado en tantos trenes, aviones, autobuses y barcas, el que puso tierra al desarraigo de mis pasos, el que alargó el brazo y un par de klinex cuando ya no me quedaban lágrimas, el que me salvó la vida sin darte cuenta, el que no faltó nunca de mi lado, el que no dejó de contestar nunca una llamada, el que llenó mi sofá cuando más sola me sentía, el que me hizo reir, estremecerme, emocionarme, aprender a mejorar, a hacerme mejor persona, a crecer, a ser lo que soy. Él. El único. El que no faltará nunca, porque cuando falte, faltaré yo también. Mi constante. Mi punto de fuga. Mi eje de simetría. Mi gran amigo. Mi reflejo en el espejo de la vida. Mi punto de anclaje. Mi acorde sostenido. Mi mano derecha en el mando del DVD. Mi ayer, mi hoy y mi mañana. Mi ventrílocuo de peluches. Mi sorpresa asegurada.

Hoy Laura escribe para él. Porque no lo hace a menudo creyendo que no es necesario. Pero fuera de la necesidad, nace el deseo, y hoy quiero que estas palabras rellenen lo que mis consonante y vocales no saben pronunciar. Hoy resbalan lágrimas feroces de felicidad. Chorrean por mis mejillas al compás de una sonrisa que no suena pero amansa el alma. Gracias. Si sólo pudiera decir una palabra, sería esa. Gracias. Gracias por aparecer, por quedarte, por estar y por seguir. Por ser. Por hacerme. Por todo.

lunes, agosto 17, 2009

la pregnancia en el presente



Hoy escribe la Jenny, invitada especial en este blog que anuncia un cambio de look por el desgaste del actual. Y lo hace sacudiéndose con disimulo el penúltimo grano de arena que encuentra tras su oreja, o en los pliegues de las braguitas, o en el monedero del bolso justo antes de ponerse a teclear. Estaba pensando en escribir el post más bonito de todos los posibles, pero sabe que eso será imposible. Demasiadas barreras, demasiados peros, demasiadas contenciones; demasiado, en genérico.

No hay dos sin tres en sus días de las últimas semanas. Y así, de tres en tres y llevándose una, la Jenny mojó sus rizos en agua salada al son de la marea, se despertó cada mediodía con un granito de azúcar en los labios, sacó a pasear sus vestidos de rayas, cantó a los coros todas las canciones que se le pusieron por delante, se desató la vergüenza, volvió a sus dieciséis por una noche y consiguió demostrar que es de aprendizaje fácil.

La Jenny regresa a Madrid con tres kilos más y un moreno espectacular. Se quemó la espalda, las ingles y parte de su pezón derecho entre las playas del Puerto de Santa María y Los Caños. Ha comido sardinitas a pie de chiringuito. Ha reído hasta perder el sentido. Ha visto la primera estrella fugaz de toda su vida en tono de Re mayor tirada en una playa a las dos de la mañana. Después de aquella, una detrás de otra, hasta llegar a ocho, siguieron cayendo las Perseidas sobre sus ojos, atravesando su sonrisa. No ambiciona grandes cosas, así que la formulación de los deseos fue algo simple y comedido. Se conforma con poco. Si dormir a ella abrazada le vale 24 horas de felicidad, si una coca-cola de una hora es capaz de atestiguar la cicatriz eminente de una herida más que curada, si sólo una mirada con puntería le consigue llevar al lugar en que no se encontraba, si de nuevo esos acordes punteados le vuelven hacer temblar como nadie ha conseguido nunca, si un roce despiadado y disimulado le estremece la incontinencia. Sí, se conforma.

Termina de descargar los parpadeos de una de las semanas más felices de sus últimos tiempos. El broche a un verano imperfecto. La magia aún sigue pringosa sobre su piel, esa que erizó sin avisar en un local gaditano, bajo el cielo abierto, en el asiento trasero de un coche, boca arriba en una cama de 90, en una cena familiar de cinco sobre la mesa, sumergida en el Atlántico, sobre una toalla mojada en un césped fresquito y un móvil cantándole al oído, en un sofá-cama abierto en canal, bajo una ducha domada en su rebeldía, en una cocina abarrotada. No ha dejado de sentirse en la gloria en 7 días seguidos. Todo un récord. Bien, tranquila, feliz. Y todo gracias a que encontró sin dificultad el mejor remedio compartido para no pensar.

Y mientras se atropellan los días en el regreso a una rutina que sigue de vacaciones puede reconocer que ha empezado a mentirle un poquino. Pero un poquino sólo. Y una mentira confesada es una verdad a gritos. Una declaración de certezas que sólo tiene que saber una persona aunque no sea escuchada de una boca, sino descubierta en el interlineado de una mirada. Y a pesar de que queda mucho por hacer comprender, no hay prisas, porque sabe que las grandes lecciones se aprenden poco a poco, sin acelerar en exceso.
Así que pisando el embrague con suma delicadeza y cambiando a segunda, advierte que nunca se separará de su espalda, aunque dejará que vaya siempre por delante, porque ella la lleva. Que es su risa su verdadera banda sonora. Que ella fue siempre el epicentro. Que le hipnotizan dos ojos capaces de iluminar una noche cerrada.

Y aunque esta mañana su piel ya no sabe salada, sigue impregnada unos centímetros más dentro la humedad de un escalofrío de grandeza.
El Paseo de los Tristes será siempre suyo, aunque sea en otra vida y para entonces, no deje de estar a su ladito toda una eternidad. Y sí, se conforma también con eso, con la inasibilidad de la perpetua infinitud...

domingo, agosto 09, 2009

ahora...



Sabina · Ahora que...

son de noche

Anoche Irene fue confundida con una Amélie trasnochada de rasgos parisinos y, unas horas más tarde, con una criminal que se había escapado de la cárcel sin pagar fianza. Se pregunta esta mañana, con el zumo de naranja colocándolo todo por dentro, a qué clase de trastorno de la personalidad debería adherirse. Que alguien te vea como la niña linda y mona, adorable y encantadora que hace el bien como única meta de vida y que, al mismo tiempo, alguien saque brillo a la otra cara de la moneda, que está bien segura que no le pertenece.

Pero las noches, a veces, son un poco así: Bipolares. Y caleidoscópicas.
Terapia a tres. ¡Qué suerte tiene Irene! En el fondo la vida está muy bien pensada. Qué habría sido de ella, en justo sus circunstancias coyunturales, sin sus dos compañeras de las últimas varias noches. Hundirse es siempre la peor opción. Que quizá ella era la única que por fuera vestía las rayas de presidiaria, pero todas arrastraban su particular lastre en forma de bola metálica. No sabe si ha sido capaz de agradecer. Es una frustración que se queda con ella. Sientan bien las risas cuando salen de dentro y se oyen por fuera. Son perfectos los roces descuidados de camino a tu copa. Despiertan el alma aletargada los abrazos regalados mutuamente.

El blues a pie de calle desde un sofá en la acera movieron sus pies al ritmo del bajo marcando el tempo de las horas. Y aunque aquel saxo le revolvió las ganas, en ellas sólo mandaba una persona, y lo sabía. Las noches musicales a veces terminan así. En la polifonía de esta noche de excesos, se abrazó fuerte, fuerte a su caja torácica sin que nadie se diera cuenta, ni siquiera ella misma. Sigue creyendo que casi todo lo cura un abrazo. Y que no hace falta estar consciente y despierta para que te llegue el cariño de un gesto incondicional que explica más que todas las palabras inservibles que se pudieran pronunciar. Eso quiere creer. Que sin acuse de recibo, llegara el envío en condiciones a su destino.

Aquel barrio ya es suyo. En un par de semanas ha subido y bajado aquella calle de nombre bonito, torciendo a la izquierda en la iglesia, al menos una decena de veces. Casi tantas como ha reculado en amagos de freno injusto. Pero Irene es una tía sencilla. Le hace falta sólo una hora y sus sesenta minutos para entenderlo todo, para comprender que no es momento de pensar unidireccionalmente en parar. Que la maleta lleva hecha un tiempo, y el tren ha empezado a moverse. Que se muere por llegar a la arena y que ésta le queme tímidamente los pies. Que el mar acune sus noches y le cante una nana al son de sus rugidos, mientras se abandona sin miedos.

Hay veces que es todo tan simple que si no lo complicamos, no parece del todo real. Pero es tan auténticamente fácil sentirse bien con lo que tienes, sin más miras que el "esta tarde" o un "mañana" por exceso, que tiembles dentro de un abrazo, que te rías de todo con tres copas encima...
Que sí, que la calma se vende cara, pero hemos pillado la mejor de las pujas en el último momento y ahora es nuestra. Sin gastos de envío.
A vivir fácil y a vivir bien. Filosofía a estrenar, después de la resaca. Irene coge las tijeras y le arranca con sutil elegancia la etiqueta de la espalda, que son de esas cosas mundanas que molestan, y ni eso merece la pena aguantar.

miércoles, agosto 05, 2009

Irene

A Irene le gusta el aire fresco de por las mañanas. Lo incondicional. Mirar sus ojos del color de la coca-cola. Alargar los días. Colarse en las vidas ajenas sin que la miren, sólo por conocer un poco más. El yogur con crispies. Sacar fotos, sin ser vista. La moda de los 60'. El cine de Godard, Truffaut y compañía. Los bares donde ponen la banda sonora de Dirty Dancing. Arriesgarse a vivir sin proyecciones. Las piruletas Fiesta. Reir hasta que le duelan las costillas. Granada. Los cines de verano en compañía inmejorable, cuando empieza a refrescar. Los "te echo de menos" a los que les sigue un escalofrío. Los chicles de menta. Los bolígrafos de colores de tinta gel. Los besos que producen una presión a la altura del pecho. Los vinos en La Latina en buena compañía. Cantar en el metro, sin vergüenza. Escribir cartas y postales desde ciudades lejanas. Los "ai" con i latina. Saludar a los ciclistas por la carretera con las ventanillas bajadas. El café con leche, o con hielo, o cortado, o sólo. Italia, por su arte. El acento catalán. Las playas andaluzas de la costa Atlántica. La montaña. Los fines de semana en una cabaña aislada de todo. Ayudar, sin límites, a quien lo necesita. Ser un poco Amélie, pero con menos cuento. Montar en bicicleta. Los tintos de verano que saben a besos. Perder adrenalina un par de veces en su vida bajando en rafting por las aguas bravas del Noguera Pallaresa. Un bote de helado de chocolate con cuchara sopera para dos desde el sofá de su salón. Los muffins de arándanos. La aspiración de las consonantes en voces ajenas. El té, en cualquiera de sus variantes. Los zumos de cítricos. Ver películas desde la cama. El minimalismo de la ropa en verano. Viajar sola. Viajar en buena compañía. Viajar en general. Las llamadas inesperadas, a primera hora de la mañana o a última de la noche, que le arrancan una sonora sonrisa. Que el cartero le traiga correspondencia que no cabe en el buzón. También la que sí que cabe, en forma de postales o cartas personales. Las del banco no le gustan tanto. Que le regalen libros o música, y que casi siempre acierten. Las conversaciones delirantes con personas curiosas en el tren. Despertarse en un abrazo. Improvisar. Compartir la música con sus vecinos a un volúmen muy alto y las ventanas bien abiertas y que ellos pongan la percusión. Pintarse las uñas. Las cremas para la cara, que le hacen sentirse fresca e hidratada. Proust, porque tantas veces le hizo llorar de emoción. Monica Vitti. Abrazarse a los árboles en una transfusión de energía. Los after-eight. El autoaprendizaje. Todas y cada una de las variantes de incienso. Las letras de Sabina. Tumbarse en la hierba a ver el cielo desde abajo. El 'Common People'. El cine en blanco y negro y en versión original. Fumar en cachimba. Visitar ligera los museos. Pegar en las paredes de su cuarto trozos y personas de su vida, hasta que no quede un sólo espacio vacío. Los gatos. Las flores. La mermelada de cereza. Los niños, que últimamente la sonríen con complicidad. Los regalos de gente que la conoce bien que dan en el centro de la diana. Los cinco principios del Reiki. Pasear por la playa cuando aún hace el frío suficiente como para mantener la ropa puesta. La gente valiente. El sexo en la hora de la siesta o al despertar. Los picnis en un parque. El existencialismo. El café a media tarde en conversación que acaba durando 3 horas. Su colonia, porque es suya, aunque huela a dos. La Concha por ser la playa urbana más bonita de todas las que ha visto. Gritar en los acantilados, como terapia. Natalie Portman. El crecimiento personal. Las paellas en la playa, que saben mejor que en cualquier otro lugar. Los besos en el cuello, o por todos lados. Regalar abrazos. Cocinar, inventando. Pensar en regalos especiales. Los conciertos de Tiza. Los goffres de chocolate. Le gusta el chocolate, eso ya ha quedado claro. La gente que no promete grandes cosas, pero lo da todo y cumple más allá. El azúcar moreno de caña. Barcelona. Las ensaldas que entran por la vista. La transparencia y la buena comunicación. Que le pese el edredón en las frías noches de invierno. Clive Owen. El bronceado ligero de agosto. La comida japonesa y china. Los abrazos por la espalda. Las matemáticas, sólo por aquello de simplificar. Hacer escapadas con la única guía de su dedo en el mapa señalando un lugar aleatorio...

Irene no se llama Irene. Tiene ese nombre porque alguien se lo colocó. Lo tomó prestado de una coyuntura de equívoco casual. Pidió un café en esa cadena plurinacional que ahora todos odian, como manda la marca bohemia y revolucionaria del antisistema, y aunque dijo su verdadero nombre, le atribuyeron éste otro escribiéndolo en el vaso que luego se bebería. Ni siquiera suena parecido, pensó, tratando de pronunciar el suyo de verdad de todas las maneras posibles, pero aquello no encajaba. Quizá sería una señal. Quizá se llamó así en otra vida. Desde entonces, y en adelante, es Irene para la parte del mundo que ella elige. También un poco para sí misma...

lunes, agosto 03, 2009

< i >

Irene se ha pintado los labios del color de sus besos, esos que saben a cereza y a menta, esos que a veces se roban y nada más y otras, se reciben sin pensar. Lleva un marcapáginas de 30 céntimos guardado en su bolso, por si tiene que colocarlo en alguna página que no quiere olvidar. Ha mojado su flequillo en una tormenta de verano que lo puso todo perdido, y su pelo, alborotado, no encontró el modo de quedar en su sitio. Ha pensado durante horas en lentillas, que si quedan desparejadas, pueden resultar lo más triste del mundo. Ha visto amanecer dentro de un abrazo. Se ha reído de unas neuras injustas y de sus problemas de sobrepeso que poco tienen de apropiados. Y ha confirmado que el 23, ese que ve en todas partes últimamente, será siempre su número, que también es primo. Se ha dado cuenta de que tiene que encontrar nuevas ciudades fetiche, porque las antiguas quedaron aplastadas por el pretérito compuesto. Ha trazado coordenadas en sus lunares, para saber donde acudir cuando quiera perderse. Y ha dibujado en una caricia el signo de infinito en su piel, sin que ella se diera cuenta. Ha aprendido que si te juntas mucho, mucho a alguien, se te transfiere y pega todo. Y que cada vez que suena o vibra su móvil, vienen sonrisas detrás. Y que la mejor arma de destrucción de barreras es una mirada que atraviesa y cura por dentro como el mejor antibiótico. Y que estaba tan cerca el modo de flotar sin sentir resacas ni vértigos que hasta que no estuvo en otro país, no supo verlo. Y que hay colonias que huelen a dos.

Irene quiere contarte un cuento lleno de ventajas. La primera ventaja es que cuando llega el final del cuento, no se acaba, sino que cae por un agujero... y el cuento reaparece en mitad del cuento. Ésta es la segunda ventaja, y la más grande, que desde aquí se le puede cambiar el rumbo. Si le dejas. Si le das tiempo...

martes, julio 28, 2009

ja estou melhor



Sí, ya estoy mucho mejor.
Y muchas gracias. A todos los que os deis por aludidos en el siguiente audio, especialmente a cuatro personitas -y tienen que ser cuatro...-:
A D., mi eterno compañero de vida, que me sujeta cuando pierdo el equilibrio.
A mi farera, luz guía que nunca se apaga y me alumbra en la penumbra... a pesar de todo.
A mi pequeña, que es sólo y únicamente Ella, mi alma gemela, porque me mantiene feliz cuando menos fuerzas quedan para levantar sonrisas y me da tantas cosas buenas que voy a empezar una colección.
Y a Tiza, mi B1, con la que me fui a mi isla interior y ahora regreso a vosotros, porque sin darse cuenta, me despega del suelo y me hace flotar sin resacas. Después de cinco años y de todo lo que ha supuesto en cada uno de mis giros de espiral, creo que un segundo homenaje se ha más que merecido. Espero que ella y que todos los demás, sepáis perdonarme este brote de delirio fuera de control. No puedo decir que no lo volveré a hacer, pero de momento mis disculpas imploradas.

Gracias, gracias de corazón.
Sonrío con fuerza. Voy pletórica de cosas lindas y de felicidad que repartir. Lo mejor de mí, para vosotros. Ahora sí. Ya sí. Y lo vais a comprobar...



Tiza · Mi isla interior

miércoles, junio 17, 2009

ciao irene...

a irene le han llegado las vacaciones.
no hay adioses y mucho menos, hasta siempres.
no se donde ha ido.
ni cuando volvera.
ni siquiera si va en busca de alguien...

por primera vez en todo este tiempo, abro un parentesis en este espacio azulado.
y lo hago por ella.
espero a que vuelva...

martes, junio 16, 2009

no te dirá


Irene se viste hoy de verano nublado, de día de después de noche tormentosa, de corto enseñándose entera, de blanco silencio, de verde como tu iris, de azul de orgasmo, de rojo granada y de tostado en las piernas. Sale al balcón a gritar como Joplin y trata de fumarse las nubes, por si así se fueran y trajeran de vuelta al Sol, que lo echa de menos, aunque hace menos de una semana que lo vio por última vez. Baja las escaleras bailando al son de un argentino y una granaína, temblando, sí, pero con una sonrisa tan grande en el pecho que teme que el sujetador le reviente un día y que ese día sea hoy. En la calle acelera sus pasos, que nunca se le dio bien ir despacito, aunque está aprendiendo, autodidacta, como siempre, con mucha ilusión. Y es que se maquilló antes de salir con ilusión, y con ganas, y esperanza. Se peinó el flequillo con los mañanas que son casi hoy, con las noches en las que entra el sol por la ventana, con los mediodías que están por llegar. Y lee en el autobús, de viaje a Madrid, las palabras espejo que devuelven todo su significado, en las que se mira y se ve con amplia claridad, aquellas que la rellenan, la remueven y la revolucionan. Y es que le gustan los verbos que empiezan por "re". Bonito acorde por cierto. Son acciones todas ellas que vuelven a hacer lo que les sigue. Vuelven a llenar lo que estaba vacío, vuelven a mover lo que estaba parado y vuelven a accionar la evolución que se quedó atascada. Gran mérito, el del verbo, y el de quien lo produjo.

Y tienes que saber que Irene nunca te dirá una mentira. Ni un falso cumplido. Ni una palabra inerte. Ni un "hasta siempre" en el que no cree. Ni un apelativo ya usado. Ni una frase forzada. Ni una promesa vacía. Ni un "jamás" que no existe. Ni un "me arrepiento".
No te dirá que no la llames. Que no cuentes con ella. Que no puede ayudarte. Que no le merece la pena. Que no tiene fuerza. Que no quiere cualquier cosa contigo. Que no abrazará cada una de tus pesadillas. Que mejor otro día. Que vuelvas mañana. Que no está dispuesta a todo. Que no va a estar a tu lado siempre. Que prefiere a otras para que le canten. Que siente lo que no siente. Que no se derrite con este calor. Que hubo tiempos mejores. Que no irá. Que no te recibirá. Que no te abrazará tan fuerte que se disolverá todo lo que en tu vida no sea extraordinariamente bueno. Que no pasará de tu mano por ese pasillo silenciando las voces de los fantasmas que te acompañan. Que no te quiere. Que no lo hará eternamente. Y que eternamente no es para siempre, y que siempre no es atemporal, que lo condicionan los cuándos, los relojes y los calendarios.
Irene nunca te dirá que no.
Y tienes que saberlo.


Los piratas · El equilibrio es imposible

lunes, junio 15, 2009

jugando a ser humanas

que no está mal a veces mostrar mis debilidades, desnudarme ante un vacío, entretenerte con palabras, soñar a imaginar futuros, pensarte entre deseos, recordarte cuando cae la noche, enredarme en los silencios y añorarte si no te tengo...


Zahara · Con las ganas

lunes, junio 08, 2009

esto no se para

que soy tan fácil que me arreglas el día con una sonrisa
que me ganas con un susurro
que me apagas las palabras con un diminutivo
que me enciendes la noche en una llamada
que descifras las contraseñas con tres palabras aleatorias

que seré chica, buena y una cobarde para muchas cosas
pero tengo fuerza como para matar a un gigante
y garra para ahuyentar a todos los fantasmas
y aguante para caminar todo lo lejos que haga falta
y valentía de sobra para todo el resto...



Facto Delafé · Mar, el poder del Mar

domingo, junio 07, 2009

te quiero aunque desaparezcas

sí...
Irene le ha cogido gusto a esto de encriptar
que parece que cuando no se dice, todo adquiere más interés
y no más misterio, que nunca le quedó bien vestirse de eso...

tiene razón quien le dijo que no hay que ser tan transparente...
si supiera hacerlo, haría caso a los consejos de quien le rodea...
está aprendiendo, es sólo cuestión de tiempo
que se convierta en alguien medianamente normal

pero sabe que ahora habrá quien le implore que
no, eso nunca!!
que ella no nació para ser normal
y que nunca llegará a serlo
por mucho que lo desee los días impares...

las palabras fueron siempre su arma
aunque nunca las usó para atacar a los desfavorecidos
se conviertieron tantas veces en su mejor ayuda humanitaria
que ahora le parece una vulneración de los derechos humanos
renunciar a ellas...

hoy, o ayer, no está segura, alguien importante
alguien con criterio
le dijo que tenía dotes
valía
actitud
y capacidad
para enseñar
y eso le hizo feliz
un mero reconocimiento por lo que ella consideró un trabajo regular
pero a veces eso importa poco si la calificación es de este estilo...
ya ves, pocas cosas hacen falta para satisfacerla

pero es que hay días
en que a Irene le gustaría despegar del suelo
dejar la tierra para unirse con su elemento
y dejarse ir...
allí
a tu ladito
aunque esta vez estés más cerca de donde tantas veces te soñó
y hoy es un día perfecto para volar...

que sí, en eso también tenía razón ella...
que es mala idea hacer inventario algunas veces
pero Irene ha encontrado el truco:
recoger en su recuento
sólo las cosas que le hacen feliz
las que le despiertan una sonrisa
las que le roban un orgasmo
las que le hacen cosquillas en el cardias
las que le hacen olvidarse de todo lo malo que podría añadir a la lista

mira el google hoy
está bonito, así disfrazado de tetris...
da igual todo, hoy sí, tómate esa licencia
sonrie bien fuerte, Irene, que te lo tienes merecido
y sobre todo, tienes razones de sobra para hacerlo

se lo copia
otra vez...
ai...
qué bien...
qué bien Madrid, Irene...

jueves, junio 04, 2009

"siempre"



Que no, que ya no hay quien se lo quite de la cabeza. Que las palabras sirven de tan poco que sólo el hecho de nombrarlas es un acto inútil y kamikace al mismo tiempo. “Siempre”...
“Siempre” a veces es “ahora”. “Ahora” puede ser “sólo hoy”. Y cuando “hoy” fue ayer, el lío se torna en dolor de cabeza.

A Irene se le cierran los ojitos esta noche. Quién pueda que le diga si es de lo poco que ha dormido en las dos últimas noches, o de las lágrimas que al final, cómo no, tuvieron que salir, cúmulo de “todo”, que esta vez, y para ella -que sea un secreto entre nosotros- es mucho, muy intenso y muy diverso.
Pero que nadie se engañe. Que no todo lo que acaba mojando las mejillas es algo triste. Que Irene se termina de secar los restos de la emoción para dejar aparecer la sonrisa que no puede esconder mucho más y que resume, después de todo y mejor que nada, un viaje improvisado.

Granada no es sólo una ciudad más. Para qué engañarse, nunca lo fue… Irremediablemente se fueron edificando nexos de anclaje en algunas de sus esquinas que le vinculaban a diferentes personas. Pero con fortuna, las obras públicas que taladran las calles y abren zanjas sin piedad, han ido echando abajo esas cadenas. Hoy, para Irene, esa ciudad es sólo de Ella. La ha soñado, la ha pensado, la ha recreado, la ha imaginado. Ha pintado situaciones durante dos años, y especialmente frecuentes en los últimos meses, en los que había una sola protagonista a espaldas de variados escenarios. Pero el albaycín siempre fue su predilecto. Quizá por eso eligió dormir a sus faldas, con la Alhambra saludando discreta a través de los amplios ventanales. Hay un misterio por resolver que a Irene le intriga lo justo: ¿por qué será que los viajeros más exquisitos eligen hoteles con vistas a grandes sitios? ¿acaso piensan gastar minutos en el balcón soleado contemplando semejante maravilla en lugar de cerrar las cortinas desde dentro y disfrutar del micromundo que se cuece en el interior?

En fin, que le pesa un poco el alma. Ha descubierto en su rodilla unos interesantes moratones, agujetas en alguna extremidad, un cansancio alocado, y los labios, de nuevo, abrasados.

Irene llevaba en la bolsa de viaje, por excusa, la compañía de un ser pequeño y suave con pretensiones de perpetuidad. Quería que estuviera con Ella para siempre, aunque, como ya he dicho, se dio cuenta pronto de que quizá ese “siempre” no sirva para todos por igual, aunque para ella significarán "nunca más". Y fue esa tortuga la que le condujo hasta aquella ciudad, hacia un encuentro necesario, ahora más que nunca. El tiempo vuela, eso ya lo sabe, pero no se dio cuenta de lo irremediable de su partida hasta que hubo montado de vuelta en el tren cavernícola que olía a cristasol. Y tenía que ser un tren su medio de transporte. Ya que su Transiberiano quedó averiado temporalmente por fallo eléctrico desde la semana pasada, se acabó conformando con el Talgo ralentizado, a pesar de que el camarero del coche bar no le guiñaba el ojo con igual complicidad.

Ha pasado el viaje proyectando en la ventanilla los recuerdos de un día y medio inolvidable. Reflejando en ella el verde cristalino de sus ojos brillantes tras un telón de lágrimas necesarias. Su herida en el brazo izquierdo, aún por sanar. Los ventiladores dando vueltas. Las tapas sin tocar. Sus cuatro pies a sus pasos, peinando senderos. El sonido del estallar de su risa, más que viva, vital. El tacto de su piel en una caricia inadvertida. El baile de acentos cruzando el atlántico. Los susurros de secretos confesados. El calor de un abrazo nocturno para ahuyentar pesadillas. Sus ganas, infrenables, por cambiar su realidad. Las promesas, en el aire, de un futuro mejor en el que habrá de confiar. La seguridad, intentando ser convincente, de que Irene sí, puede hacerlo realidad. Los escudos y corazas que algún día conseguirá derribar. El primer bar cerrado con Ella por compañía. La nueva paleta de colores con los que pintar por encima todos sus fantasmas. El dulce de leche, que confirma lo que ya sabían. Un café, dos, tres, o los que sean necesarios. La lectura, entre líneas, de las heridas bajo sus tatuajes preciosos. Y otras muchas cosas más para las que no existen palabras justas, que se explican sólo en un grito.

Irene no lo sabe, pero yo sí, que la sigo de cerca. Este viaje ha sido, sin duda, una de sus mejores y más brillantes ideas. Que puede que esta noche le pese todo lo que se ha dejado. Que puede que se le queden diminutas sus pretensiones de solidez en sus afirmaciones convencidas. Que quizá se tenga que volver un poco más cínica para dejar de dar crédito a palabras que sólo se demuestran empíricamente. Pero sin duda, el olor de sus manos, el sabor del último abrazo, el sonido de todo lo que ha escuchado, la plenitud de su perfección, donde Ella sólo ve desperfectos, los escalofríos a flor de piel, la chispa, la chispa… quedará para siempre dentro de su músculo bombeador. Y siempre, para Irene, que ha vivido lo que es eso, es mucho. Es eterno. Y sustituye ahora si te atreves esa palabra por cualquier otra. ¿Qué te crees, valiente, que serás capaz de cambiar lo que siente? Como si las palabras gozaran de semejante poder…



Cat Power · Breathless

lunes, junio 01, 2009

de esas

Irene es de muchas formas, de tantas como gente se acerca a ella. Ha ido coleccionando multitud de calificativos a los que responde con una sonrisa al aire. Le gusta darse cuenta de la gente que sabe leerla bien pero le gusta aún más ser consiciente de cuánto más puede sorprender a los que la rodean.
Irene es de esas que siempre huelen bien.
De esas que creen que el Amor será bonito e indoloro, o no será.
De esas que aparecen en la vida de uno para llenarlo todo de felicidad.
De esas que escriben demasiado bien.
De esas que saben jugar al ajedrez.
De esas que no remueven el yogur antes de comérselo.
De esas que prefieren callarse y esperar, antes que decir demasiado y cagarla muy pronto.
De esas que, sin ser conscientes, llevan una estrategia bajo la manga.
De esas que están siempre cuando las llamas.
De esas que sirven para todo.
De esas que saben escuchar.
De esas que pueden con cualquier problema o situación.
De esas que no lloran nunca, pero que cuando lo hacen, no pueden parar en horas.
De esas que siempre lo respetan todo.
De esas que creen más íntimo dormir con alguien, que follar sobre unas sábanas limpias.
De esas que aman bien, muy bien.
De esas que miman con esmero.
De esas que esperan que el semáforo se ponga en verde para emprender la marcha.
De esas que lo dan todo, hasta quedarse sin nada.
De esas guapas que sorprenden por dentro.

A Irene le han llamado todo eso y mucho más. Que si niña buena, que si niña mala, que si linda, que si hermana de la caridad, que si ángel, que si pija madrileña, que si popera, que si molona, que si valiente... Menos mal que es inmune desde pequeña a esto de las etiquetas, porque de lo contrario, viviría ahora en una esquizofrenia peligrosa.

La verdad es que ni ella misma sabe como es. Vive sorprendiéndose, de todo. Sabe que es de esas en la que siempre la primera impresión es errónea. De esas que no aprendieron a decir adios. Ni a localizarse el ombligo. Ni a tergiversar una verdad. Que nunca se conformó con nada. Que es de esas que nunca paran de aprender. De esas que no temen que su transparencia les desnude completamente ante los demás. Que sabe bien lo que quiere, y lo que quiere ahora es a tí. Que también es de esas de paciencia infinita. Que perdió el miedo a los calendarios. Y que nunca fue ni demasiado valiente ni lo suficientemente cobarde como para irse.


El dúo dinámico · Quisiera ser

jueves, mayo 28, 2009

qué noche la de aquel día...



¿Se puede dormir tras noches como esta? Claro que se puede. Pero es que a Irene no le nace. Y no hay que darle más vueltas a cosas tan simples como ésta. Hoy, por hoy, ayer y mañana, piensa hacer lo que le venga en gana. Es una licencia que se permite porque sí. Y esto tampoco hay que pensarlo demasiado... Es el modo que ha encontrado, a expensas de alguno mejor, de sentise satisfecha consigo misma. Y sólo por eso, merece la pena seguirlo...

Aparece ahora por casa, de puntillas, intentando esquivar miradas incómodas de los que viven con ella, pero ya dentro se da cuenta de que ni siquiera es necesario evitar el ruido, porque por suerte, se fueron todos a trabajar.

Es curioso, ahora que se sienta tranquila, se pone a hacer memoria, acto no muy habitual en ella, y se da cuenta de que nunca había vivido una noche tan larga. Tan larga. Cerró tres bares, uno detrás de otro, dejando a su paso apresurado a curiosos seres de la noche madrileña, fauna marina, de esa con tentáculos y ventosas. Nunca se había caído por la calle, y nunca de un modo tan grotescamente divertido. Nunca había dejado pasar las últimas horas de la noche profunda sentada en la Plaza Mayor de un país de otro mundo. Nunca había desayunado en el Brillante de Atocha con el rimmel totalmente corrido. Nunca había gritado tanto dentro de un bar. Nunca había pasado por su casa, la de ella. Nunca había sentido esa enorme alegría al volver a la suya en un tren tan cargado de gente de bien que va a trabajar cuando a Irene le pesa aún el mediodía, la tarde y la noche del día anterior. Y todo esto, queda añadido de un modo casi automático a la lista que inauguró hace unos meses, precisamente junto a ella, de primeras veces realizadas. Suerte que queda el Casino. Y robar un coche e irse muy lejos...

Así que sí, hoy va con desfase horario. Un jetlag bienintencionado y muy feliz, que viste con soltura y elegancia, como si aquí no hubiera pasado nada.

Cuánto cinismo...

Ahora se da cuenta de que las palabras no sirven de nada. De hecho, seguramente se trate de un elemento más de disuasión del gobierno para mantenernos drogados con algo a lo que aferrarnos. A ellas.
Inútiles.
Vacías.
No, no hay nada como una mirada. Es lo bonito de la mirada; que en ella eres tú, la que la recibe, la que inventa y crea el enunciado en ella contenido. Y te puedes equivocar, claro, pero ahí está la gracia. Que cuando te quieres dar cuenta del error en la traducción, ya es demasiado tarde, porque te la has tragado hasta el fondo. Como una niña. Y es que Irene le gusta ser un poco niña a veces. Una niña buena, claro. Y le ha encantado descifrar lo que sus ojos brillantes y luminosos decían bajo las luces fluorescentemente azules de un bar atestado en sustitución de sus palabras. Que el juego de las preguntas no tiene ninguna gracia si se hace con los ojos cerrados. Abiertos, los ojos siempre abiertos, que hay que darles la libertad de expresión que se merecen. Que no vamos a poner trabas a los derechos básicos, no a estas alturas de la película.

Qué ironía, se replica a sí misma al paso de la toallita desmaquillante por sus ojos... Haber esperado hasta el final para empezar a vivir lo mejor. No, esto no puede ser un adios. Ni un nos veremos en otra vida. Esto tiene que continuar, aquí donde lo dejaron, en el portal de un edificio que podría ser cualquiera, pero que ha hecho suyo totalmente. Y no importa cuando eso ocurra. También se lleva el enorme regalo de matar las prisas y la impaciencia para dejarse caminar a pasitos pequeños, que son más lindos, y que hacen que todo se disfrute mucho más.

No se le olvidarán nunca todos los regalos contenidos en una bolsa verde (¿esperanza?), ni los que se guardó dentro de sí misma para que no se mojaran de copas derramadas, ni de Igor ni de su ex que olía igual que ella, ni de todo lo que calló esperando que fuera leído, ni de la magia que estalló para hacer de su ciudad el lugar de sus sueños, ni del paseo noctámbulo por un Madrid aún dormido, ni de la victoria del Barça, ni de la dedicatoria amateur, ni de su balcón vegetal, ni del desayuno justo debajo del Mediodía, ni de esta tremendamente larga despedida, ella que precisamente deseaba hacerla lo más corta posible...

Se prometió no mirar hacia atrás, y como siempre, se traicionó girándose.
Se prometió no decirla que la quería, y como era de esperar, lo hizo.
Se prometió no declarar el voz alta lo mucho que la iba a echar de menos, y ni siquiera está segura de haber llegado a cumplirlo.
Se prometió no llorar, y, por una vez, se sorprendió a sí misma no haciéndolo. No al menos hasta que estuvo lo suficientemente lejos, ya sentada en el Cercanías madrugador, y cuando éste se puso en marcha. Porque la lágrimas hay que soltarlas cuando una se mueve. Sea hacia donde sea, eso es lo de menos. Pero en movimiento. Que eso también lo ha aprendido hoy, por ayer; que hay que moverse, para encontrarse, a sí misma, o a lo que haya por llegar.

martes, mayo 26, 2009

Portugal

Irene anda buscando una terraza donde el sol caiga perpendicular.
Quiere un café, con hielo, quizá algo para comer y un cenicero cerca, por si acaso.

Se ha marchado a Lisboa, en una escapada sin huir, simplemente deseando estar lejos.
No hay penas, ni agobios, ni siquiera dolor en su movimiento.
Es consciente, sin más, de que a veces hay que estar lejos para verlo todo más claro.

Hay pocas mesas en esta plaza.
Y las que hay, están ocupadas.
Nunca se le dio bien incluirse en círculos ya poblados.
Por eso permanece en pie, a la espera de que se haga un sitio para ella, tranquila, serena, feliz.

Se pregunta de qué color serán ahora sus ojos.
Nunca la vio llorar, pero sabe de sobra que el tono de su mirada será diferente.
Quizá más verde, más verde aún.
Quizá brillante.
Quizá electríco.
Cómo ahogará sus penas, cuando nacen previsibles y al mismo tiempo, inevitables.
Y sobre todo se pregunta por qué ella no estuvo allí, o no lo está siempre, por si acaso un abrazo es requerido en un momento concreto.
Que ya ha dejado de fiarse de los mensajeros que llevan encargos de un móvil a otro.
Que esta vez lo va a hacer bien, y va a ser desde el principio.

Irene es reconocida como la chica que siempre está.
Ahí, aquí, donde se la necesita.
O donde se la quiere, que viene a ser más o menos lo mismo.
Le ha costado toda una vida ganarse ese distintivo y no están ahora las cosas como para perderlo.
No con ella. No ahora.
No, de ninguna manera.

Alguien se levanta en esta plaza, arrastrando las patas de aluminio de una silla ruidosa.
Dejan los dos amigos unas tazas y un plato gastados y vacíos, y con sus pasos alejándose, un hueco que rellenar, que mira a Irene incesante y hambriento.

Irene se da media vuelta.
Siempre se le dio bien girar.
Y se marcha de esa plaza, de esa ciudad, con una sonrisa satisfecha en la cara.
Bastaron sólo unos minutos para sacarle provecho a la escapada.

Que ese café se lo tomará al sol de otro país, el suyo.
En otra plaza con sillas calientes.
En otra ciudad de acento distinto.

Que ya se ha cansado de envíos sin acuse de recibo.
Que empieza desde hoy a entregar en mano, cuerpo y alma.
Que lo suyo es de ella.
Y nadie le debe arrebatar lo que se ha ganado...
A pulso.

sábado, mayo 23, 2009

la fuerza



Facto delafé · La fuerza


los principios y los finales se confunden tantas veces que no merece la pena atender a sus límites. mucho menos, esforzarse por preveer sus virajes incontrolados. esta copilota, experta en caídas, agarra con firmeza los mandos de esta nave, que no se para, porque continúa, con rumbo fijo hacia el interior de mi felicidad. y no importa si hay turbulencias, ni si pierdo el control... que todo se recupera si tiene fuerza el motor.

hoy decido que comienzo. de frente a todo lo que haya por venir, con sonrisa y todo mi poder, que es mío porque me lo he ganado...

llego con la emoción humedeciendo mis ojos en un concierto que es, ya desde hoy, el más especial de mi vida. con "conmigo" cantada para mí, sólo para mí, con dedicatoria inolvidable, y mirada universal de alcance personal, que me conquistó del todo. con un "cumpleaños feliz" cantado a capella por treinta personas que me hizo temblar en la silla y con tres abrazos, suyos, que me han llenado de justo todo lo que necesitaba para el resto del año. todo su cariño en mi copa, sus miradas en mi sonrisa, sus palabras llenando mi corazón y el mejor regalo, sin duda alguna, de los que podía recibir hoy.

llego con la huella de tu piel aún inscrita en mis manos, de un jueves en el parque de diez horas alargadas, sí, con mi poderosa musa, con la gracia aún sonando en mi risa, tu abrazo en el mío, y las ganas sobresalientes. tu beso, mi llamada. tu palabra, mi ilusión. tu mirada, tremenda tentación...

llego con la mano tapando de reojo el calendario. negándome a contar hacia atrás los días que le quedan al verano. mordiéndome la palabra, para callarme la comunicación. esperabdo a septiembre, como agua de mayo. y sonriendo desde aquí, esperando que te llegue la energía que la estira y propulsione tu motor.

llego con los planes acumulados, con propuestas atrevidas y energías de tracción. con abrazos que renuevan, futuros imprevistos, regalos envueltos en amor, viajes sin mapa, naranjas cortadas a la mitad y felicidad que donar.

llego con esperanzas de mejorar, con ganas de más, con impulso al movimiento, rechazando cada pausa si ella implica parar. tomo las herramientas para reparar lo que se estropeó en el último viaje. que todo mantiene intacta su estructura, y a veces, es lo único que importa.

y llego con notable en mi aperitivo de futuro profesional, son risas en el cesped, gente interesante, lecturas que alimentan y gracias por estar.

así que empiezo, justo ahora, con estos no-se-cuántos-gintonics en el cuerpo y una rosa de regalo para rematar la noche, porque éste es el momento.
no pido ningún abrazo, porque los regalo incondicionalmente. porque sí, tengo un compromiso con...



dani y su sonrisa
eva y su sonrisa
lu y su sonrisa
carmen y su sonrisa
mamá y su sonrisa
elena y su sonrisa
flor y su sonrisa
bea y su sonrisa
con mis queridos, neus, mj, papá, noe, jose, clara y tiza...

y lo lo intento porque siento, que cuento con expertos, capaces de cagarla, y reirse en el intento...


y me vuelvo a emocionar... está claro que es mi sino de este principio...
que habéis hecho de mí algo súper bonito.
que no puedo dejar de agradeceros que me hayáis hecho llegar hasta aquí con la fuerza de vuestras manos en las mías.
que os quiero, con locura, delirante...
que tengo ganas, ilusión y fuerzas de sobra para este viaje.
que tengo todo conmigo para hacer de este año, mi año.
pero por supuesto, os quiero a vosotros a mi lado, muy cerquita, conmigo.
sí!

domingo, mayo 17, 2009

de viaje



este viaje lo emprendí hace unos días, aunque esperé hasta hoy para publicarlo... y el momento es importante, porque anticipó acontecimientos. y eso es lo bonito de los viajes; que los empiezas tú, pero se hacen solos, autónomamente, sin que tú misma te des cuenta y cuando aparecen las casualidades significativas, sólo puedes sonreir, que es lo mejor que se me da hacer últimamente, por cierto.
la compañía fue inmejorable, aunque los sandwiches se quedaron sin tocar, el picnic lo dejamos para otra ocasión, y la cámara, por supuesto, vacía de recuerdos. y es que hay veces que estás tan inmersa en la aventura, que no tienes tiempo ni para pestañear a través de un visor. sonó Anni, claro, y otras más...
volví con la cara colorada, de tanto sol, los labios quemados y los pantalones mojados, de la hierba de una vía de descanso.
lo malo de los viajes, es que nunca sabes cuándo han terminado. porque aunque el coche se para, y tú te despides de nuevo en el andén, sigues sintiendo esa inercia del movimiento que te empuja a moverte hacia un destino concreto...

lunes, mayo 11, 2009

a media voz

hay días a medias y eso no tiene por qué ser malo necesariamente, aunque todo parezca indicar lo contrario. da igual lo que pase, que mi optimismo me gana siempre y acaba convenciéndome de que me he de ir con una sonrisa a la cama. y yo no estoy para discutir, no esas cosas. así que me la calzo sin rechistar y pido perdón por ese concierto al que no pude ir, y ese plantón tan irremediable. y ya empiezo a pensar en mañana, que será un día completo, o al menos yo haré todo lo que esté en mis manos para que así sea. y en pasado, que lo será aún más... ¿cómo parar de sonreir?

sábado, mayo 09, 2009

primaverano



Cat Power · Sea of Love



El verano ha llegado a Madrid. Irene lo defiende con firmeza, aunque todos los demás se empeñen en corregirla, que no, no es verano, que sí, aún sigue mayo, que sí, lo que toca es la primavera. Pero de cualquier modo, ella nota por todos lados los efectos de un verano adelantado.

Para empezar ya tiene en su espalda una hermosa 'V' tostada al sol de un mediodía traicionero. Aprende con ella la valiosa lección de que ir escotada por delante y por detrás tiene, sin duda, consecuencias imprevistas. También se le ha quedado la marca del anillo de su mano derecha, y por supuesto, esas piernas aún de un blanco virginal, que no se han estrenado, todavía, en paseos sin medias por la ciudad.

Ya huele a piscina por la calle. A cloro, a cremas protectoras, a autobroceadores que delatan, a aftersun de gente poco precavida como ella. Huele a toalla aún mojada. Huele a patatas fritas y a cerveza en el cesped de la pisicina.
Y huele a hierba mojada, claro, a los aspersores que lo ponen todo perdido. Y a los niños empapándose con su más simple y divertido juego bajo ellos.
También huele un poco a quemado. Porque el sol quema. Irene recuerda aquellas primaveras en el patio del colegio donde jugaban a quemar con una lupa los bancos de madera. Iban dejando su nombre ahí marcado, para siempre. O formas desdibujadas, por el simple placer de ver de lo que es capaz el sol. Aún no entiende muy bien por qué hacían eso. No era piromanía. Cree, en cambio, que ahí y entonces empezó su curiosidad por experimentar, por probarlo todo. Hay a quien les da por beberse el detergente de la cocina. A Irene le dio, entre otras muchas cosas, por probar el poder de la luz.



Así que es verano. No hay duda, no para ella. Ya ha sudado el calor más intenso una noche. Menos mal que fue sólo una, aunque no le importaría repetir... Se viste con atrevimiento faldas y vestidos cortos, riéndose con simpatía, de aquellos que aún llevan chaqueta y pantalones de pana. Pobres ingles, pobres axilas, pobres miembros, superiores e inferiores... todos ellos deben sufrir la inmensa tortura consecuencia de la vestimenta de sus dueños.

Madrid está bonita ahora. Dejará de estarlo en poco. Antes de que termine el mes, hay que sacarle partido, se dice. Piensa cerrar bares, ir a conciertos, repetir en teatros, comer y cenar en todos los restaurantes posibles, seguir de tapitas, no dejar las terrazas, celebrar su cumpleaños con la mayor de sus ganas este año, y prepararse para Junio, que con suerte, Madrid recuperará todo su encanto, volverá a enamorar y recibirá en ella a una nueva horneada de hadas y seres mágicos que vienen de fuera, de muy lejos, de otro mundo, dispuesta a hacerle sonreir hasta desgarrarse la cara. Horneada, que acertado sustantivo...