busca entre mis delirios

miércoles, marzo 29, 2006

De libertades, nacionalismos y violencia

Voy a hacer un tremendo esfuerzo para, primero sintetizar y segundo, exponer lo más claramente y sin ambages posible, la que sería mi respuesta o punto de vista particular sobre los últimos temas planteados por vosotros en los comentarios del anterior hilo.

Conste, ya desde el principio, para los que se perdieron la justificación de los inicios, que no se lleven a engaño: todo lo que digo es producto de mi subjetividad, de mi posición político-social, de mis influencias y experiencias, que no hay en mis ideas ninguna verdad absoluta y que la dependencia de mis juicios debe ser tomada con precaución, pues, aunque es mía y de nadie más, la comparto con muchos y del mismo modo, trato de no herir sensibilidades. Así, desde el más absoluto respeto y libertad, allá va.

Partamos de que la idea de hablar de nacionalismos ya resulta peliagudo desde que se pronuncia dicho palabro. A muchos les entra el miedo, otros simplemente se estremecen al vincularlo con la violencia. No importa si ese sentimiento está más vinculado a la derecha o a la izquierda. Hay ejemplos para cada lado de la balanza, y aún así, es lo que menos importa. Hablando del tema vasco, de sus peticiones, de sus ansias, de los impulsos tomados a lo largo de la historia por conseguir para ellos lo que creían les pertenecía, etc, nos encontramos con un elemento que diferencia ese nacionalismo del resto de nacionalismos. Euskadi optó por una banda, que, en principio declarada de izquierdas, revolucionaria y con ambiciones diplomáticas y dialogantes, trató de mediar entre el gobierno de España y el de Euskadi para acercar visiones. No funcionó y al final acabó escindiéndose de ella la que hoy sobrevive como ETA, un abrazo armado de gente cabreada y frustrada que se había cansado de sentirse insultados, burlados y humillados por una gran mayoría de la población de ese país que se veían obligados a compartir, a la fuerza. Y aunque por una vía nada aceptable y recurriendo a la violencia -el último recurso a considerar por cualquier mente cabal e inteligente- acabaron por dar vía de escape a sus frustraciones intentando meter miedo. Pero no funcionó. Mató pero no consiguió nada. Y ahora deja de matar para ver si lo que ha fallado todos estos años es lo que de verdad Gobierno y Oposión se han cansado de repetir; que es la violencia la que entorpece el proceso político.
Sin violencia de ETA ahora sólo queda esperar por donde saldrán los tiros esta vez. Porque una parte de Euskadi se sigue sintiendo mal, está siendo minuspreciada, coartada y reducida a lo que los españoles (como ente e institución) queremos y no queremos. Y esa frustración de no dejar ser es lo que deriva y explica -que no justifica, ojo- el recurso a la violencia.

Yo a Mar le pondría un ejemplo diferente al de aquel que se mete en tu casa que exponía Papa Oso:
Imaginemos que yo soy lesbiana. Quiero ser lesbiana de cara a la sociedad, no ocultarme ni tener que pedir favor o perdón por ello. Y además, estoy orgullosa y así lo manifiesto. Pero resulta que vivimos en una hipotética sociedad en que me reprimen, me insultan, me pegan incluso y me penan legalmente por salir a la calle con una bandera o icono gay o por pasear de la mano por la calle con mi novia. Y yo sé, porque la ley y la Constitución me lo dice, que tengo derecho y libertad para ser lo que quiera. Y sé que siendo lesbiana no hago ningún daño a los heterosexuales ni a esa inmensa mayoría que se cree por encima de mí por el simple y estúpido hecho de ser más. Y entonces intento hablar con los organismos del Estado, dialogo, contacto, planteo, propongo. Y siempre con la Ley, la Justicia, el Derecho, la Democracia, la Constitución y todas esas grandes palabras con las que a los políticos se les llena la boca. Y se me echa de malas maneras en todos mis intentos. Resulta entonces que, mientras años tras años, yo mantengo mi lucha a la que se van uniendo, por cierto, más y más personas que se sienten como yo, el Estado no sólo no nos ayuda en nada, sino que empieza a ni siquiera prestarnos atención. Y sucede que una de las chicas que se movilizan conmigo, se levanta un día de mal humor y harta de todo decide tirar una piedra contra uno de los magistrados que nos está negando un derecho que nos pertenece. Es fruto de la ira, del rencor, de la rabia que una siente cuando la quitan lo más auténtico e interno que tiene, que es su forma de ser, su ego y su libertad. Supongo que esa piedra, aunque yo al menos jamás podría justificar y perdonarla, es entendida.

Volviendo al tema de Euskadi, Papa Oso ha dado en la clave del asunto; el no encuentro de un interlocutor. En todo conflicto de estas características esa figura es clave. Quien conozca mínimante el conflicto palestino-israelí sabe a qué me refiero. En estos momentos, con Hamás en el lado palestino negándose a la palabra, y Kadima, recien llegado al gobierno israelí, tratando de emprender el diálogo, no queda más que preocuparse por lo peor y esperar a que llegue la siguiente entifada. Porque dos no dialogan si uno no quiere. Y si uno no quiere, el otro se cabrea. Lo que debe comprender éste último es que por mucho enfado que le invada, jamás conseguirá nada por sí mismo. Y nadie hasta ahora ha querido tomar en serio a los vascos, no vaya a ser que sus argumentos sólidos les convencieran de verdad. Se planteó el Plan Ibarretxe, muy buen texto en varios aspectos, pero se denegó en el Congreso con una desvergüenza que, hasta a mí, que lo vivo desde cierta lejanía, me causó un estupor tremendo. Porque así no se hacen las cosas. Claro, que mejor ni pensar en cómo se han hecho con el Estatut, que eso sí que es de risa directamente.
El caso es que el Plan era una vía pura, sólidamente y auténticamente política. No había violencia, no había ETA de por medio, no había más que un Gobierno proponiendo a otro Gobierno una reforma estatutaria, un cambio hacia un progreso. Pero eso también se les negó. ¿Cómo se siente un vasco nacionalista ante esta sarta de improperios?

Lanzaba Mar una cuestión: ¿Por qué convertir en toda una batalla la lucha por la identidad de un pueblo?. Es cierto. Sería más fácil haberles dejado vivir con su identidad desde un primer momento. Si querían sentirse vascos, hablar en Euskara y tener cierta protección cultural, quizá debíamos haber dicho sí sin condiciones. Dejar que cada uno viva como quiera y pueda, respetando al prójimo y vecino y enriqueciendo al mundo en general. La batalla la creó el nacionalismo español, fue quien tiró la primera piedra. Yo no fui, que no había nacido. Pero hoy, que sí que vivo para contarlo, sólo espero que no comentamos la imprudencia de seguir lanzándolas... que al final todos compartimos el mismo tejado y todo lo que sube, baja.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Amen Deli, amen!!
Creo que me estoy enamorando de ti!!
;-)

Anónimo dijo...

Supongo que por eso mismo, porque todas las minorías necesitan expresarse y ser escuchadas, el gobierno ha tomado esa ruta de "diálogo" (joder, que trillada está la pobre palabra xD).

Esperemos que al fin se llegue a una buena conclusión y el consiguiente pacto.

Ciao!

PD: creo que yo también me estoy enamorando de tí xD

Anónimo dijo...

nunca se me agotaran los aplausos leyéndote!!
esto es toda una declaración de principios. ojalá hubiera muchos como tú ahí fuera... en ese pedacito de tierra que llaman España.

BEXETS!!

delirante dijo...

Guau, como me gusta leeros. Sabéis que de verdad sois vosotros los que más aportáis a este blog. Los aplausos los merecéis en todo caso vosotros!
Joder como os quiero!!!

Un besazo enorme!