con esta alerta amarilla, que va cambiando de color a naranja indistintamente, por vientos de rachas máximas de 100 km/hr., que azota, sacude y revuelve la ciudad, se nos queda un día estupendo para calzarte tu par de botas mágicas, esas que guardas limpitas a buen recaudo para la ocasión especial y marcarte un baile por encima de todos los demás peatones que aún mantienen sus pies clavados al pavimiento alquitránico, no permitiendo por nada del mundo que absolutamente nada ni nadie les desprenda las raíces de la tierra que pisan y tú, jugando a pinchar los globos de los niños que salen de comer con su familia, saludando a los aviones que pasan rumbo a cualquier parte, haciendo carreras con los pájaros incrédulos ante la evidencia y corriendo sobre los tejados, colgándote de las cornisas y tomando impulso en cada antena parabólica, sobrevolar la ciudad a bordo de tus poderes personales para verlo todo desde arriba, que es sin duda, la mejor de las perspectivas.
E intentar aplazar todo lo que se pueda el momento de bajar, de que se detenta el baile.
sicos