busca entre mis delirios

miércoles, junio 11, 2014

y así



soy géminis y el aire me acongoja. me encantan los anocheceres en la playa y los amaneceres en una cabaña perdida en el bosque. me gusta la tecnología y los nuevos cacharritos que aparecen pero creo que es un crimen hacer un guiso en una olla express y me niego a renunciar a las cartas escritas y a los libros en papel. a lo largo de mi vida he luchado alguna vez contra gigantes y muchas otras tantas me he vuelto diminuta en mi rincón. dicen que soy súper fuerte y valiente, pero en realidad soy de lágrima fácil y me asusto por cualquier cosa. mucha gente me considera una persona seria y luego se sorprenden al oírme reír. me enorgullezco de ser fiel a mí misma y sin embargo en los últimos cuatro años he cambiado radicalmente. odio discutir, las peleas, los gritos y los reproches aunque sea una bocazas que habla sin pensar y muchas veces me lo busque yo sola. no me gusta provocar, pero soy de Madrid...y del Barça. m'agrada molt el català, aunque hablo en castellano and sometimes I dream in English. prefiero mil veces pedir permiso antes que pedir perdón a pesar de que históricamente, en la práctica, haya sido casi siempre al revés. soy de naturaleza tímida, aunque sea capaz de hacer las locuras más vergonzantes. dicen de mí que soy poco cariñosa, pero podría alimentarme a base de besos. soy muy complaciente con la gente, pero no me gusta que me impongan nada. Mozart me pone los pelos como escarpias y bailo con Conchita cuando nadie me ve. me gusta andar descalza por la casa, pero nunca salgo a la calle sin un pañuelo para el cuello. me gusta el té de todos los colores y sin embargo después de comer no puedo prescindir de un café solo, bien cargado y con mucha azúcar. me gustan las casas con mucha luz y grandes ventanales, aunque necesito dormir con la puerta cerrada y totalmente a oscuras. sufro de vértigo, pero vivo en un undécimo piso. me considero moralmente de izquierdas, muy de izquierdas, a pesar de que cuando camino por la calle necesito estar colocada a la derecha, siempre a la derecha. me gusta hablar de cualquier cosa y en cambio también disfruto a veces de un silencio cómodo con destreza sostenido. no soy materialista pero me encanta llenar de regalos a mi gente cuando puedo. no me gusta la impuntualidad, pero hace años que no llevo reloj. soy más bien racional aunque las emociones manejan los pedales de mi vida. me gusta ser así, pero a veces me gustaría ser de otra manera.

martes, junio 03, 2014

así

me vuelve loca el dulce de leche aunque me empalagan una barbaridad los postres de crema y nata. me apasiona cocinar, intentar reproducir recetas, improvisar y reinventar y sin embargo odio tener que pensar qué hacer de cenar. me gustan los gintonics, la cerveza bien fresquita pero un buen vino no lo cambio por nada. me encantan las galletas danesas de mantequilla, los after-eights y algún otro dulce viejuno y en cambio una torrija deconstruida de lo más moderno y vanguardista me quitó el sentido. me gusta la cocina de moda, los masterchef y estrellas michelín que jamás podré pagar, pero realmente se me conquista con una cesta de picnic y un par de tuppers elaborados con cariño. no me atraen nada los países del Sur y sin embargo uno de los mejores viajes que he vivido fue a Marrakech. me siento identificada con el color rojo, aunque el azul me aporta mucha energía, el naranja me calma, el verde me da seguridad y con el negro disfrazo todas las carencias y faltas. me cuestan las marchas cortas, reduciendo me atasco y en cambio, con la velocidad me siento segura. me gusta la carretera al volante, pero prefiero mil veces pasear la ciudad a pie. dicen que soy urbanita, un ser de ciudad, de asfalto, cines, gente, tiendas y bares, pero donde realmente disfruto es en la montaña, en la hierba mojada, entre árboles, riachuelos, un bastón, una mochila, dos bocadillos y una botella de litro y medio de agua. soy bastante radical en política, ideas y opiniones, aunque me las callo casi siempre por no molestar. soy patéticamente incapaz de dar portazos e irreparablemente nula en las despedidas y sin embargo he perdido más gente a lo largo de mi vida de la que conservo. he intentado hacer el bien a todo el mundo, me he vestido de heroína, he tratado de salvar el mundo y en cambio he herido, he dañado y he tenido que pedir perdón muchas más veces de las que hubiera deseado. renacería en los 50' en Francia para poder vivir el mayo del 68' y en cambio el 15m se me antojó en cierta manera abyecto. viviría sin pensarlo en Barcelona, mientras Andalucía tira de mí un poquito todo el rato. amo los tiempos de Proust, el impresionismo de Montmartre, el existencialismo de Sartre, Jean-Luc y Eric, lo cuqui de Amelie, los croissants au beurre y el oh-la-la del acento francés, pero Paris me parece una ciudad muy triste y absolutamente sobrevalorada. odio la lluvia, el frío, los episodios de nieve repentina, los días grises, sin sol y en cambio me mudaría mañana mismo a una segunda planta en Camden. he tenido gatitos de todos los colores desde que tengo uso de razón y sin embargo no veo el momento de tener un pequeño golden retriever recibiéndome en la puerta cada día. me da un poco de miedo la incomunicación y la solitud pero me sentaría como Ana en una silla en medio de la Laponia finlandesa a ver auroras boreales. el sonido de un piano me hipnotiza, el del viento me enmudece, las guitarras y la cuerda me anestesian, pero hay algo en la percusión que me produce ansiedad. los museos me gustan a paso ligero, no me importa ver películas desde el salón de mi casa, disfruto de los conciertos aunque el spotify sea mi mejor compañero de viajes en metro, pero la magia de un escenario de teatro no la cambio por nada. la música clásica me emociona, el jazz me embriaga, pero el rock siempre será mi perdición. no soporto las faltas de ortografía y sin embargo escribo siempre en minúsculas. me llena mucho el cine francés de la nouvelle vague, el surcoreano, hongkonés, el neorrealismo italiano, el cine independiente de Estados Unidos y en cambio una parodia chorra me desarma por completo. me gusta ser así, aunque a veces me de mucha rabia a mí misma...

miércoles, mayo 21, 2014

del apego y otras cosas

hace muchos años, uno de mis ángeles catalanes me advertía de los peligros del apego. discutíamos aquí a tres bandas, en los comentarios de un delirio cualquiera, sobre cómo acabar con él para lograr ser más felices. y yo, en aquel momento, lo escuché, lo entendí y de alguna manera, me lo creí. pero hoy, casi vieja de verdad, después de todo y a pesar de ello, me descubro incapaz de deshacerme de la dichosa querencia. hoy el apego me cae bien y lo convierto en virtud, porque sí, porque me da la gana y punto.

he intentado ser de muchas maneras diferentes, he cambiado artificiosamente, he simulado personalidades que no me correspondían, he fingido valentías impotentes, he intentado, probado, imaginado, tratado, procurado... y muchas veces he fracasado.
he sido, soy y seré y por fin aprendí, que para mejor o peor, la que fui ayer no tiene por qué parecerse a la de mañana.
y todo esto, porque hace unos días me dijeron que me quedo con lo malo de las personas, de las historias que ya no son. no tuve ni que discutir el error, tan sólo saqué el cajón virtual del pasado y ahí estaba todo aquello para refutarlo por mí.

dentro había muchas cosas, pedacitos de mi historia y de otras personas, trozos de mi día a día y recuerdos del futuro que atesoro con devoción. tengo varios peluches que han viajado conmigo desde hace algo más de 13 años y que hoy se dedican a hacer reír a mi sobrina, guardo jabones de los hoteles en los que he dormido (incluso dentro de mi ciudad), los billetes de algún tren o autobús que me llevaron a cualquier parte, los primeros dibujos que mi hermana me dedicó, tarjetas de visitas de los restaurantes que me han dado de comer, el ticket del café más caro que me tomé, entradas de cine y de teatro que ya se han borrado con el tiempo, un despertador que nunca llegó a funcionar, un marcapáginas artesano que unos niños me vendieron en Lavapiés una de las noches más importantes de mi vida, el tiesto de un bonsai que involuntariamente se me murió, el periódico gratuito que robamos como niñas malas al lado de la plaza mayor la noche que cerramos todos los bares de Madrid, el broche del corazón de fieltro que me regaló la niña de los ojos grandes, guardo cartas, cientos de ellas, todas, letras que me escribieron y que cuentan muchas historias, postales, decenas, que viajaron de acá para allá alegrando mi buzón, notitas que me encuentro en la nevera, o encima del teclado, o por cualquier rincón de la casa, álbumes de fotos de todos los viajes de mi etapa analógica y carpetas llenas de gigas de la etapa digital, dibujos, cómics, historietas, trocitos gráficos que tantas sonrisas estiraron, las acreditaciones de todos los Zinemaldias a los que fui (sola o acompañada), conservo la primera cinta de casete con la que le puso banda sonora a nuestra película, vídeos de viajes en familia en vhs, guardo azucarillos de cafés alargados o servilletas de kebabs al sol de la plaza de Oriente, un billete de dólar que me regaló mi tía desde el otro lado del atlántico y tengo yenes que vinieron directos de Japón, no pierdo aquel colgante, el último regalo que me hizo mi tío y que conservo para ocasiones especiales, tengo montones de corchos de botellas de vino, cada uno con su historia impregnada, la cucharilla que me traje de Roma en recuerdo al mejor capuccino que nunca probamos, una invitación de boda llena de estrellitas plateadas, notitas de despedida de anfitrionas que nos trataron de lujo, una concha de la playa testigo de la primera vez que nos separamos y muchas cosas más, que juntas atestiguan que guardo mucho, sí, pero todo con lo que me quedo es bueno, es bonito y es bien.  

cada cosa con su historia por detrás, en silencio y calladitas, pero ahí, guardadas, por si alguna vez  me da por olvidar...

lunes, abril 28, 2014

entre las sábanas / entre las piernas

me gusta mayo. me gusta su tiempo dual, mutable y contradictorio, como su astrología. sus días de lluvia y tormenta con camiseta de tirantes y zapatillas de tela. su casi equidistancia entre el principio y el final del ciclo anual, que parezca que aún es pronto para algunas cosas y quizá un poco tarde para el resto. me gusta pensar en todo lo que queda por hacer, en las oportunidades que quizá brinden los días, que aún es posible que sople las velas con alguna alegría de más que celebrar, que grandes cosas han pasado en la historia en un mes como éste. me gusta creerme el dicho aquel de que lo bueno se hace esperar, que aunque se cumpla un año ya de aquel mayo pasado, definitivamente habrá algo mucho mejor para mí ahí fuera aguardando el momento adecuado.
que nunca es tarde si la dicha es buena, que a quien madruga dios le ayuda, que más vale maña que fuerza y al saber lo llaman suerte, que el que algo quiere, algo le cuesta, alguien vendrá que bueno te hará, mira adelante y no caerás atrás y hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo, que a mal tiempo buena cara, que cuando una puerta se cierra, cientos se abren, el que busca encuentra y el que espera, desespera, el que no corre, vuela y el que la sigue, la consigue, que la esperanza es lo último que se pierde, mal de muchos, consuelo de tontos, que la paciencia es la madre de la ciencia, que no hay mal que cien años dure, que querer es poder y vísteme despacio que tengo prisa, siempre hay un roto para un descosido, que quien hace lo que puede, hace lo que debe, que cada palo que aguante su vela y cada loco con su tema.

lunes, abril 21, 2014

me alquilo para soñar

escriben las buenas plumas que Gabo ha emprendido finalmente su deseado éxodo al que será su lugar de retiro y descanso, por fin, después de casi cien años. nadie quiere que esto parezca la crónica de una muerte anunciada, ni el relato de un náufrago, ni la más grande de sus obras periodísticas. es sólo la increíble y triste historia de un viaje sin retorno en el que no hay mala hora para llegar. ha decidido hacer esperar a los ángeles y el réquiem de los funerales suena tan lejano que ya casi le parece una cumbia. ha vivido para contarlo y ha fundado entre las páginas blancas encuadernadas un país al alcance de los niños. ese país tiene como capital una ciudad que algunos dicen inventada, pero eso es sólo porque, como en todo buen laberinto, no supieron encontrarla.
ve llover en Macondo donde despunta un verano feliz. allí le esperan Juan, Julito, Pablo y aunque reniegue, también estará Jorge Luis, cebando el mate. mientras beben, ríen y fuman, se explicarán unos a otros cómo se cuenta un cuento y juntos, escribirán del amor y otros demonios.
puede que ahora dedique su eternidad a la bendita manía de contar, al periodismo militante, aquel que, cuando era feliz e indocumentado, afirmaba que era el mejor oficio del mundo o quizá se decida a continuar las memorias de sus putas tristes.
sólo espero que él sí que tenga quien le escriba...

martes, abril 15, 2014

your four words (X)

cómo si dar vida a las palabras fuera baladí...

como aquel día, nadie recuerda si era por la mañana o ya demasiado tarde, pero aquel crucial instante se volvió crítico para la caótica historia que ellas mismas escribían, corregían y volvían a escribir. fue el penúltimo punto de inflexión en toda ficción que anticipa un devenir algunas veces imprevisible. en el asiento de atrás de aquel coche prestado, cada una posaba la vista en su ventanilla, en silencio, sin poder, sin saber qué decir. ella miraba aquel paisaje, salvaje y agreste, en el que brotaban sin orden alguno pequeñas familias de amapolas (a ella le gustaba llamarlas ababoles) que teñían de rojo los bordes de la carretera. entonces recordó aquel año que vivió en Bolivia en el que descubrió una planta hermana del ababol que proporcionaba unos alcaloides de la familia del opio, lo que le evocó aquel imbebible alcohol que destilaban con alambique y serpentín que tan poco se parecía al moscatel que, de vuelta a Zaragoza, a ella tanto le gustaba.

aquel año en America del Sur fue quizá el primer punto de inflexión en esa historia que por entonces empezaban a escribir y de la que aquel día, en el asiento de atrás del coche prestado, con las ventanillas bajadas, las palabras en estado comatoso y un calor insoportable, estaban componiendo su punto y final. su compañera de viaje, de aventura, de vida y de asiento, la que a metro y medio a su derecha miraba también pasar su historia, como si mágicamente pudiera escuchar sus pensamientos y sus calladas y tácitas palabras, se aventuró a salvar el incómodo silencio, aniquilándole con osada y oportuna decisión:

- ¿tú sabes por qué se encienden las luciérnagas?

ababol · luciérnaga · alambique · caótica

martes, julio 23, 2013

en Londres hace sol


a veces nieva en Portobello sin que nadie lo haya previsto. copos de atrezzo que no mojan ni resbalan pero tiñen de blanco los rojos de las cabinas telefónicas y los negros de los taxis.
y hace tanto frío en Trafalgar que las gotas de agua de la fuente de los delfines se congelan y se confabulan con el turista para llenar sus álbumes digitales con las mejores instantáneas.
pero a veces sale el sol entre los canales de Camden y se te arregla el día. pica en la piel los tímidos rayos que se escapan de los grises y que atraviesan sin miedo las gotas que aún escurren las nubes. hasta Enrique VIII y su caballo bailarían al son del rock mientras se hinchan a comida tailandesa. dan ganas de quedarse a vivir en un establo y comprarse una scooter. o volverse punk, o mod, o algo.
yo me pongo la canción de Morrisey, que he quedado con Eliza Doolittle. vamos a comprarnos la flor más bonita de Covent Garden y vamos a dar envidia a todo el mundo.