busca entre mis delirios

lunes, octubre 01, 2007

zinemaldia 2007


Ha sido un festival redondo. Algunos lo aseguran con total convicción, más guiados por la comparación con ediciones (de muy mediocres a patéticas) anteriores que por la propia objetividad real de quien tiene los pies sobre la tierra. Y la verdad es que ha sido fácil emocionarse al ver que en un día se han disfrutado dos (¡y hasta tres!) películas de notable. El Zinemaldia nos tenía acostumbrados a los bostezos, las huidas a media película de la sala y los resbalones vergonzosos del palmarés a última hora. Este año no. Este año hacen falta por fin los dedos de las dos manos para poder nombrar las películas que realmente han merecido la pena. Y los dientes no chirriaron casi nada cuando a las 4 de la tarde del sábado el jurado compareció frente a la prensa para comunicar su veredicto definitivo (eso sí, a Querejeta y Portillo les quedan grandes sus dos premios). Todos contentos y el festival satisfecho. Cogió altura por fin, pero eso ya lo he dicho.


Voy a recomendar encarecidamente que disfrutéis un ratito de la merecidísima ganadora del premio grande, esa Concha de Oro a mejor película que le viene que ni hecha a medida a "A thousand years of good prayers" de Wayne Wang. Una película pequeña, intimista, sencilla y con mucha personalidad, capaz de atrapar a cualquiera con un poco de sensibilidad. Una fábula preciosa acerca de las barreras y los baches en la comunicación, mucho más allá del Lost in Translation.


Prohibido perderse "Caramel", galardonada con el premio del público y el de la juventud. Nadine Labaki nos trae esta película libanesa (su primera obra desde detrás de las cámaras), retrato de un Beirut sensual, cálido y cercano a través de las voces de tres peluqueras y otras tres coetáneas que pasan por el centro de belleza. Seis voces, femeninas todas ellas, que viven y transmiten lo vivido desde un tono cómico y ligero. Preciosa. Deliciosa.


Puedo seguir con "Exodus", una de las muchas películas orientales que han llenado el festival este año. Ésta en concreto llega desde Hong Kong, de la mano de Pang Ho-Cheung. Una historia simple en clave de humor acerca de la conspiración mundial de las mujeres para matar a los hombres y así exterminar el mal en el mundo. Un argumento estrambótico para no menos delirante desarrollo. Una película sin duda diferente, extraña, absurda por momentos, pero tremendamente divertida, contundente y disfrutable. Cien por cien recomendable. Por cierto, se ha hecho con el premio del jurado a mejor fotografía.


"Death at a funeral" del británico Frank Oz, vuelve a ser la vuelta a la vuelta de tuerca de las comedias de humor negro centradas en la muerte. Apoyada en un tremendo trabajo de marketing, esta película llega a España con ganas de ganarse todas las carcajadas del mundo, y lo cierto es que lo consigue muy fácilmente. Carcajadas, risas y lágrimas del esfuerzo por contenerse. Con una trama muy cerrada sobre sí misma y unos personajes muy fieles a sí mismos, se construye sola esta película flotando en la livianeza de sus pretensiones. Para pasar un buen rato. O para morirte de risa.


Y dejamos la comedia momentáneamente para pegar el gran salto transcendental del zinemaldia y de todas las películas que hemos visto en él. Llega Julian Schnabel y se tambalea todo. "Le scaphandre et le papillon" es una de esas películas que debes ver. Partiendo de la base de la -perdonen el atrevimiento- rancia historia de un minusválido que primero quiere morir, después intenta vivir y al final acaba la vida decidiendo por él, Schnabel dibuja con pincel fino la agonía de la vida, la alegría de la muerte y las sonrisas del proceso de la una a la otra. Conmociona a la vez que emociona, y lo hace con tamaña precisión que escalofría al ser vista. Sin sentimentalismos, libre de manipulación emocional. Pura y directa. Una gozada de película.


Y del mismo director, otra maravilla, musical esta vez: "Berlin". Lou Reed grabó Berlin en 1973. Resultó ser un gran fracaso comercial y el album engrosó la lista negra del neoyorkino. Nunca lo tocó en directo. Sin embargo, en diciembre de 2006, en el St. Ann's Warehouse de Brooklyn durante cinco noches seguidas, interpretó esta obra maestra que Schnabel convirtió en cine y guardó en negativo para que nosotros pudiéramos encogernos en la butaca un año después y para el resto de nuestras vidas.


Y de música sigue la cosa. Si Lou Reed nos hizo bailar en la butaca, Ian Curtis pasó de hacernos tamborilear los pies contra el suelo al son de sus acordes a casi provocar la lágrima final generalizada. A modo de biopic, pero sin llegar a serlo, "Control" de Anton Corbijn, narra las idas y venidas del cantante de Manchester, desde sus primeras letras hasta la formación de Joy Division, y desde su primer concierto con el grupo hasta el último, sólo tres años después. Una vida corta, pero intensa, marcada por la epilepsia, las benzodiacepinas, las traiciones, las infidelidades y la música. Siempre la música.


Y voy a terminar con una última recomendación, si es que alguna de todas las que la preceden, logran verse en pantalla nacional en un futuro. Se trata de "Lynch", un documento cinematográfico que desvela los pensamientos más internos del director de Montana David Lynch, todos ellos pronunciados durante el rodaje de la delirante Inland Empire. Quizá viendo este documental logremos entender por qué no hay que intentar entender ninguna de sus películas. Es posible que a través de su filosofía, lleguemos a la razón de sus inconcruencias. Puede que "Lynch" hable más de sus películas que lo que ellas mismas han sido capaz de decir a lo largo de su filmografía. Tal vez despoje a David del misterio que le envuelve, de la mitología sobre su mente enferma, de su fama de personaje estrambótico y sinsentido. O tal vez no....

domingo, septiembre 30, 2007

orden

Ordeno mis prioridades con las tuyas. Se mezclan, se revuelven y se distancian; nos distancian. Se pelean entre sí y no logro la manera de que lleguen a un acuerdo mutuo. Teníamos un Plan (o yo tenía un plan, ya no recuerdo...), pero lo echamos abajo entre todos. Me planteo ahora la consulta popular, pero para qué, si alguien acabará por levantar la voz más que el resto y asegurará que es ilegal, que es ilegítima y que no lleva a nada. O peor, que aún haciéndola, no les gustará el resultado ni a mis prioridades ni a las tuyas. La cosulta se dará por inválida al no contentar a todos y acabará por servir a ninguno. Y aunque siempre nos quedará el referendum nacional, me niego a permitir que los que no deben, decidan por nosotros. Hablan ahora sus portavoces (la de nuestras prioridades) e interceden por ellas guiados por la voz de sus propios intereses, manipulando el diálogo y trastocando la voluntad democrática de a las que representan. Y así se ordena la agenda del día. Y también la de la semana, y la del resto que queda hasta que acabe el mes que mañana empieza. En los (pocos) huecos se acomodan nuestras ilusiones. En (alguno de) los fines de semana de noviembre, nuestra esperanza. Y en el (agobiante) estresss, la agonía del día a día. Y siguen las negociaciones; tu parte y mi parte deciden movimientos. Mientras tanto, continúa el diálogo, que no pare. Ya hablamos mañana. O si no el viernes....

sábado, septiembre 29, 2007

perfecto



... y un día sales a la calle y ves a media ciudad asomada al balcón de un playa, preguntándose quién fue el culpable de tamaña irresponsabilidad. La concha no era concha, sino perla. Alguien se dejó abierto un grifo en el Urgull. O en el Igeldo. No quedaba playa para Donostia. La arena estaba tan debajo del mar, que ya ni siquiera se podía vislumbrar. Una gran masa de agua chocaba contra la baranda, rebelde, insistente, autónoma. Y tú mientras contemplas. Y sonries. Y admiras.
Y ese helado de dos sabores de pronto es como si hincaras un diente a una manzana verde y ácida en el Ártico. O como si el after-eight hubiera pasado la noche en el congelador. Y ese momento, en la mezcla de sabores, en el paisaje del horizonte y en medio de todo el mundo lo sientes. Es perfecto. Ese momento es perfecto.

viernes, septiembre 28, 2007

acabáramos

Hoy es como quien dice mi último día aquí. Como quien dice, porque hasta el domingo por la noche no volveré a estar entre las cuatro paredes de mi cuarto. Hoy se acaba de decidir todo. Las buenas, las malas, las mejores. Las que formarán parte del palmarés, las que se quedarán en el olvido, o las que cultivarán mejor fama cuando se estrenen en pantallas comerciales. Y hoy, hoy es mi último día de 5 películas una detrás de otra. Hoy será mi última jornada de dormir 6 horas, permanecer en vigilia 18, de las cuales entre 10 y 12 serán invertidas en observar las luces que desprende una pantalla blanca. Y ya empiezo a echarlo de menos.
Cuando tocaba venir, no quería. Ahora que toca pensar en irse, no quiero.
Me empieza a abordar la nostalgia por lo que no tendré ahora que aún me quedan unas cuantas horas y dos días. En el fondo este año el Festival se ha merecido un aplauso. Sin mucho furor, pero hay que reconocerle el mérito de haber elevado el vuelo y haber recuperado nivel. El Zinemaldia de este año ha vuelto a ser un poco más lo que era hace tres. Y yo, yo lo añoro de pensar que tendrá que volver a pasar un año entero para que vuelva a estar en esta sala de redacción, con Quim Casas a mi lado tan madrugador como yo, pensando en irme yendo ya al Victoria Eugenia, y viendo tan buen cine (o al menos, buenas intenciones) de seguido en una pantalla de cine, rodeada de gente y no desde mi casa.
Ójala un día el cine de verdad salga de los festivales...

jueves, septiembre 27, 2007

salpicando


No es un juego de palabras. La sal me salpica y me pica allá donde voy. El mar está revuelto desde que llegué. Las olas se empeñan en jugar con nosotros a ver a quien deja más mojado. La gente por aquí, la misma de todos los años. Las pelis... las pelis regulares, o reguleras, aunque ya hablaremos de eso. Y yo, yo... yo aquí ando. Entre Donostia y el Zinemaldia. Del Kursaal al Victoria Eugenia pasando por el Principal. Cinco pases de prensa al día. Más de 9 horas en películas una detrás de otra. Mucho frio. Mucho aire. Mucha lluvia. Sirimiri todo el día. Gente guapa en cada esquina. El Boyero durmiéndose a ronquido abierto en cada peli. Para comer, un plato combinado. Para cenar, dos pintxos en quince minutos.
Os echo de menos. Pero eso sobra decirlo...
Muxus para todos

lunes, septiembre 24, 2007

de paso

Paro de paso para decir hola y adios.
Hola a mi familia, que me acoge una semana después repitiéndome lo bien que me sienta el sur, el buen aspecto que traigo y lo contenta que se me ve.
Adios a los mismos, que me ven marchar otra vez, rumbo norte ahora, directa a la ciudad del cine, a Donostia, a su festival, su gente, las salas de prensa repletas, el Kursaal hasta arriba, el Victoria Eugenia recién inaugurado, el ambientillo especial de este mes tan peculiar.
Vengo y me voy sola. Para bien o para mal. Justo después de siete días felices y maravillosos en mi Sevilla favorita, sacándole todo el jugo que pude. Y cruzo la península en menos de 12 horas, de sur a norte, para volver al centro y rebotar hasta Barcelona. Ese es mi ritmo de viaje. Ese es mi pulso de septiembre. Mis últimos 18 días de vacaciones en todo el año. Vivo de aquí para allá, pero siempre os llevo dentro a tí, a tí y a tí. No os olvido a ninguno entre mi equipaje. Habrá postales para todos. Promesa. Nos vemos.

martes, septiembre 11, 2007

firenze - italia


No sé bien por qué. En un cúmulo de pensamientos amontonados muy de pronto y sin orden racional, he acabado yédome lejos, muy lejos de aquí, un poco más de seis años atrás en mi vida cronológica, a aquel maravilloso y accidentado verano de 2001, juntos sin estarlo, compartiendo por separado, viviendo de refilón y conociéndonos sin darnos cuenta en aquella ciudad que nos vio llegar, renacer y marchar. El primer verano de mi vida.
La avioneta que daba (peligrosos) tumbos entre roma y florencia. El aeropuerto y sus personajes nocturnos. La señora gorda que traficaba con niños. La primera noche en la ciudad del Arte pasada en el parking de aquel apeadero. Tu casa, tu casero, el compañero de piso que se asoma desnudo a la ventana para saludarnos. Tu cama "very broken and dangerous". La casa, mi casa. Mi casera, que se negaba a hablarme en otro idioma que no fuera el suyo. El Istituto. Su gente. Mariajosé. Las mejicanas. Aquel italiano que improvisábamos por momentos y amábamos de seguido mientras tratábamos de aprenderlo. Las mañanas muy madrugadas sola en la piazza della signoria, saludando al del quiosco que me vendía la repubblica al abrir su puestecito. Las tardes en los del Boboli. Los paseos por el Lungarno arriba y abajo, perdiendo el norte y acabando donde empecé. Las (cientos de) fotos. La noche en la ópera viendo Carmen. Los Uffizi una y mil veces hasta caer en la desesperación. Acordarme de Stendhal sin haberle tenido el placer. Nello y el secuestro voluntario. La moto que apareció de la nada y con las luces apagadas. La noche de infarto. La mañana en el hospital. La tarde en la comandanzia del aeropuerto donde me convertí en tu hermana por primera vez. El vuelo de regreso, con la herida supurando, pero grandes sonrisas reflejadas en la ventanilla....
Esa y todas las demás veces que volvimos. Los agridulces del recuerdo traicionan a veces. Muchas veces. Pero quedan las instantáneas frente a santa croce entre los miles de turistas, o la maleta que compramos en el mercadillo cuando empezaba a faltarnos espacio, o los atardeceres de horas muertas en el ponte vecchio viendo pasar la gente sin más, o la accademia, esta vez sí, esta vez desde dentro, o la nunca última visita a los pitti y los uffizi, o los helados de manzana ácida, o esa sensación tan genial de sentirte polizón y saber que haces lo correcto, o el café de 10 euros (unavezenlavida) cara a cara con el palazzo. Que yo me acuerdo. No me olvido. Me viene el folclore de la italia nórdica (escaso y sobrio, pero vivo a pesar de todo), mezclado con el olor a mojado por las mañanas de las calles que llevan al duomo, con tu voz y tu mirada a mi lado, siempre a la derecha, al otro lado del objetivo, o por delante del visor, pero ahi, aqui, conmigo. Desde entonces....

.... y es sólo una pequeña parte.