busca entre mis delirios

viernes, diciembre 03, 2010

acueducto

verbena de planes apetecibles y deseados para un puñado de días festivos y/u ociosos:
un té calentito en taza de loza que apenas se pueda sostener con las manos, no pensar en las navidades, sesión de jazz de fondo con un puñado de versos de anne sexton atravesándome los ojos, mi comida favorita con barra libre de repeticiones pertinentes empapada en una copa de vino, cine surcoreano debajo de una manta roja y peludita, redescubrir madrid por enésima vez con compañía de seres que vienen de lejos, pucheritos de mamá (propia o ajena, que saben igual de ricos), charlas trascendentales e intrascendentes con personas más delirantes (aún) que yo, celebrar el 80 cumpleaños del gran Godard con una cerveza bien tirada, darme una ducha ardiente poniendo a prueba la presión del agua caliente de esta casa, no pensar en las navidades, unas caipirinhas análgesicas con/para personitas aquejadas del virus de la temporada, excepcionales momentos de tensión al otro lado del mando de la consola, mimos que suban la temperatura de esta fría casa que se resiste a recurrir al gas natural...y derretirme a mi manera, escribir con lucidez y eficacia ese par de hojas requeridas, una cena con palillos y pescado crudo, resolver mi eterno puzzle de hojitas rectangulares que no acaba de regalarme una narración sin fisuras, dejarnos caer por alguna de las infinitas exposiciones que anuncian su caducidad, un zumito de naranja recién exprimido en la mañana del domingo, Harry Potter y su antepenúltimo episodio de desventuras ¿por qué no?, un infarto de miocardio al descubrir que por fin, acerté con los números de la primitiva, el primer roscón de reyes del año, no pensar en las navidades...

martes, noviembre 30, 2010

desorden


¿no había admitido ya, hace apenas una semana, que me reconozco innatamente e incorregiblemente nula para todo aquello que se le parezca a un rompecabezas? pues, dada la ineficacia de la contundencia de mis palabras, reitero, una vez más, que soy negada con esto de establecer órdenes y categorías, que no encajo ni de perfil, ni queriéndolo -que no lo quiero- en el puto estructuralismo, que mi manía me puede con esto de las etiquetas reduccionistas y que desde luego, esto que me han pedido, me va a resultar mucho más complicado que resolver cualquier ecuación de segundo grado.

sirva todo esto como excusa previa por la incapacidad a la que me enfrento y el fracaso que será consecuente. y ya de paso, que valga a su vez de llamada de auxilio, desesperada, a aquellos y aquellas sujetos y sujetas de este mundo que tengan algo de habilidad con los puzzles de conceptos.
o con el orden, que me sirve igual.

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actualización post-traumática del miércoles 1 de diciembre a las 13.40 hrs.:



he aquí la vigésimotercera versión de mi intento de orden, después de algo más de tres horas y media de movimientos elípticos alrededor de la mesa.
estoy a punto de cortarme las venas con el filo del papelito que porta a Lacan.

jueves, noviembre 25, 2010

lugares comunes

odio que se haga recurrente este post, este día, en el historial de entradas del mes de noviembre de años anteriores y predeciblemente sucesivos. odio reiterar por si alguien entiende que se debe a una obligación implícita. odio producir compasión en el ojo ajeno. por eso hoy escribo para mí. sin que sirva de precedente, por unos minutos, este espacio es mío.

ya van dos años, acumulados como placas de cemento sobre el suelo. y como todos los 25 de noviembre, en Madrid hace un frío lúgubre. no lograba comprender esta mañana cómo de pronto se me congelaba la punta de la nariz y los lóbulos de las orejas y maldecía la feliz idea mía, ésta de cortarme el pelo. pero es que no me había acordado todavía. que todos los 25 de noviembre el gélido aire de Madrid corta el aliento.
ya van dos años y aún no me he acostumbrado. no sé cuánto se tarda convencionalmente en lograr darse cuenta de verdad de que no vas a volver a ver a una persona. y una vez entendido el plazo, que alguien me explique cómo se consigue que no duela cada cierto tiempo, un poquito el alma. sigo sin poder soportar con una sonrisa la cena de nochebuena en tu ausencia, sigo sin ser capaz de pasar por ciertos lugares comunes entre tú y yo de madrid y que no me tirite el corazón un instante. sigo sin dejar de oir de fondo tu risa tronadora en un bar lleno de gente y chorreando unas gotitas de cerveza de la palma de tu mano. y siguen sin serme indiferentes los ojos húmedos de mi abuela, esa mujer herida cuya yaga nadie podrá sanar. siguen las polaroids que nadie reveló, pero que guardo a mi vera, celosa por que nadie ose a arrebatármelas.
ya van dos años y sólo 7 meses, desde aquel 25 de abril, que te hicimos volar desde lo alto de la puerta de la justicia de la Alhambra. he de reconocerte que un poco sí que sonreimos. es agradable la sensación de libertad de cada partícula de tu ser, fundiéndose con los tres elementos y mezclándose con la gente de esa maravillosa ciudad, su arte, su historia. impertérrito, sempiterno, perenne, perpetúo. como la alhambra, ya ves.

y con eso me quedo, con lo infinito de tu recuerdo en el que guardo sólo cosas bonitas que nos hagan sonreir, la eternidad de este lugar común, no sólo en los marcos de este pequeño texto de letras minúsculas, sino en el espacio simbólico inagotable que queda, y siempre existirá, entre tú y yo.

miércoles, noviembre 24, 2010

epidrama

hay un virus en el aire que está dejando con bajas defensas a muchos pacientes. se trata de una cepa que ataca primeramente al sistema cognitivo, generando altas décimas de incertidumbre y dudas, después mina el sistema inmunológico congestionando relaciones interpersonales, y por último, daña los procesos neuroquímicos provocando abundante mucosidad y lagrimeo ocular. avisados quedáis.

yo, que eso de leer entre líneas nunca se me dio bien, que me cuesta un trabajo enorme descifrar las inferencias interpretativas, que nunca supe ver con claridad los paréntesis explicativos invisibles y que me considero absolutamente torpe con los rompecabezas, me sorprendo todavía viéndome en el papel de la farmacéutica empática del virus en cuestión.

a todo esto, no han sido dos ni tres las veces que han apuntado hacia mi persona la sentencia de que no soy fácil de entender. o que no me dejo conocer. o que no se me llegar a comprender del todo nunca. yo, en cambio, me siento bastante sencilla. simplona, sí, por qué no admitirlo. llana y sin muchas curvas, fácil. claro, que igual es cosa mía, por aquello de verse desde dentro y ver a los demás, y sus problemas y coyunturas drámaticas frente a las tuyas, el abismo que os separa y el vértigo que genera la distancia.
así que, aquí estoy yo. una investigadora precaria y de pacotilla, que pretende dar cuenta de la psicología humana de los individuos y de los modos de comportarse como agentes en sociedad, batiendo en abstracto a toda potencia epistemologías teóricas que intentan ofrecer un sentido a epidemias y males como el que nos acechan, y al mismo tiempo, frustrada por la inutilidad de todo esto.
si no fuera por la ilusión que me empuja cada día y por estas irrefrenables ganas de hacer más, de hacerlo mejor y de revolucionar un poquito todo, qué sería de mí, compañeros...

lo de siempre. los investigadores sociales nunca damos soluciones. sólo planteamos realidades, y si acaso, alternativas. así que lo dicho; si os acecha el virus, klinex, sopitas, mantita y películas (evitando las excesivamente azucaradas o, comúnmente conocidas como pastelosas). y si todo eso, no os funciona, ya sabéis donde tenéis mis grajeas de empatía...

lunes, noviembre 22, 2010

prozac

acabo de superar un momento de confusión emocional. he estado en coma psicológico durante aproximadamente media hora. no sabía si reir o llorar y finalmente, he escogido la opción ganadora y me he descojonado conmigo misma a este lado de la pantalla.
esta materialización en palabras ha sido idea de mi madre, que por lo visto, también ha sabido inducir el filón cómico de la situación.

acabo de volver de una consulta de cinco minutos de la que he salido con una receta de prozac en la mano. desconcertada, anodada, apabullada, estupefacta, boquiabierta, atónita, pasamada, patidifusa, perpleja, confusa y horrorizada, he caminado los mismos minutos que he estado dentro de esa sala, hasta mi casa. en el camino me preguntaba sin dar crédito, cómo un facultativo tiene el poder de evaluar a un paciente en tan escaso acercamiento y deficiente entrevista. evaluaba despacito las contadas tres preguntas que me ha lanzado y mi escueta respuesta a cada una de ellas y trataba de abducir una razón coherente a tamaña falta de profesionalidad, un poco asustada, tengo que reconocerlo.
una vez en casa, me he sentido de pronto como la Ana de la novela de la ñoña de la Etxebarría que se mete cada día sus veinte miligramos diarios de droga para bloquear las conexiones del cerebro entre las ideas y los sentimientos. una yonki perdida de los antidepresivos menopáusicos, la perfect housewive occidental. y éste ha sido el punto en el que la risa ha brotado dentro de mí sin poder evitarlo.

que no, que no. que ni por amor, ni por curiosidad. paso del prozac, sin duda alguna.

lunes, noviembre 15, 2010

escuela invisible

qué bonito es pisotear las hojas caducas de los árboles de otoño en California.
me he mudado intelectualmente a Palo Alto para ver qué me dicen las cabezas bienpensantes del psicoanálisis sobre la comunicación humana. por sacar algo bueno de esta introducción kamikace en el mundo de la investigación: que si ha de servir al menos para dos cosas, que sea para viajar y para que digan, con más razón todavía, que los comunicadores sabemos de todo y no sabemos de nada.
así, me doy de bruces con el maldito doble vínculo y Bateson me lo clava por la espalda. Goffman me introduce su microsociología por el lacrimal sin pedirme permiso y Watzlawick me escupe su pragmática de lo simétrico y lo complementario con residuos de una cualquiera metacomunicación.

ya ves qué cosas, yo que siempre había renegado de la psiquiatría como ciencia útil, hoy me sorprendo tomando chocolate con churros con el pleno del interaccionismo simbólico.
yo, que sodomizaba a Freud con prótesis contra-sexuales, hoy despiezo su aparato psíquico como me da la vergonzante gana.
yo, que escribía en los muros de Paris "à Lacan ses lacunes", me trago sin masticar su "otro" en cada página de cada tomo de sus infinitos y ostentosamente inmensos escritos.

eso sí, amigos, la próxima ronda de matería gris, la pago yo.
faltaría más...